Prohibido prohibir

De todos los vetos que en el mundo han sido este de prohibido prohibir es el que mas estrepitosamente ha fracasado.
Ideado por la revolucion estdiantil parisina de Mayo de 1968 como uno de los muchos otros lemas que enarbolaron para significar su rabia contra el “establishment”, quedó en eso, en una bonita frase (“interdit d’interdir”) y nada más. Ni los gobiernos entonces imperantes, en Francia y en cualquiera otra parte ni los que le sucedieron, y mucho me temo, los que están por venir hicieron y no creo que harán caso alguno de tal consigna.

Con motivo de la reciente prohibicion de las corridas de toros en Cataluña, me vino a la mente que España ha sido siempre terreno fértil para prohibiciones de todo tipo y en todos los tiempos. Asi que la catalana prohibición no nos sorprende. No es la primera vez que tal ocurre en España. Cuando no es la Iglesia es el Estado y a veces ambos actuando al unísono, el caso es que el ciudadano de a pié se ha visto privado de gustos, habitos y costumbres que son corrientes y asequibles en otras latitudes. En los años cuarenta, años de penuria, hubo una época en que los restaurantes no podian ofrecer al público los habituales tres platos mas postre. Por orden gubernativa se impuso el ”plato único”. Pero esto o restricciones similares ocurrian en todos los paises europeos inmersos en plena guerra mundial.

Fué en la época del nacional catolicismo cuando las prohibiciones, afectando casi siempre a los sentidos corporales (excepto el del olfato) adquirieron virulencia.
No solo las obras incluidas en el Index Librorum Prohibitorum del Vaticano, sino las novelas y cuentos (pocos) que habían de algun modo burlado a la férrea censura estatal y muchas asequibles en el mercado del libro viejo (algunas veces con reservas y guardadas para los buenos clients) eran consideradas “lecturas pecaminosas”. Películas (“Mogambo” ) revistas tales como “Las Leandras”, obra divertidisima estrenada en tiempos de la II República y que yo no pude ver sino en los años sesenta y en Méjico, prensa y radio y hasta propaganda anunciando películas en que por orden de la censura les habian colocado a las actrices unas faldas largas para ocultar sus desnudas piernas, mantenían al público en un total desconocimiento de la realidad allende nuestras fronteras. Para prohibir, llegaron a prohibir ciertas canciones, tales como “Ojos verdes” que popularizó la incomparable Conchita Piquer y que la volvieron a sacar cambiando ciertas palabras en la letra de la canción.

El Cardenal Segura, única autoridad a la que no pudo doblegar Franco, prohibió el baile “al agarrao” en su diócesis. Pero hete aqui que ya en decadencia fisica le nombraron un Obispo auxiliar que regentaba la provincia de Huelva. Este Obispo autorizó el baile. Miles de sevillanos se desplazaban a Huelva los domingos “a pecar”, que para eso existia, caso insólito en la cristiandad, una frontera jurisdiccional del pecado.

Recuerdo que acudiamos, al comenzar la cuaresma a los ejercicios de San Ignacio, que dirigia desde el pulpito un jesuita en la iglesia de la compania en la sevillana calle Trajano. Este jesuita nos aterrorizaba con los horrores de un eterno infierno si persistiamos en “lecturas pecaminosas” (vista) “expresiones indecentes” (oido) o “tocamientos lujuriosos” (tacto) .

¿Y donde estaban las prohibiciones tocante al gusto? Pues el gusto, como sentido corporal, no estaba bien visto por la Iglesia. Un amigo mio que colgó la sotana me contaba como en sus tiempos de seminarista cada vez que les ponian un postre especial siempre habia alguno que al tiempo de relamirse advertia a sus colegas: “Esto está tan rico, tan rico, que tiene que ser pecado”. La Iglesia prohibía comer carne los viernes de cuaresma. No que hubiera mucha carne que comer por aquellas calendas, ni que la pobreza reinante se pudiera permitir el lujo de comerla. Pero era una prohibición, de la que solamente quedaban exentos (“con la Iglesia hemos dado, Sancho”) los que compraban la Bula de la Cruzada, que costaba un duro. En mi casa nunca se compró la Bula Yo la pude ver solo una vez. Un amigo de familia rica me la enseño. Era un pergamino a varias tintas con historiada orla y cantidad de latines.

Ni que decir tiene que publicaciones adversas al regimen o transmisiones de radio, como las bien conocidas de Radio España Independiente, Estación Pireanaica (que en realidad transmitia desde uno de los paises satélites de la Unión Soviética) eran ferozmente perseguida. En tiempos de la guerra civil, las autoridades en la zona nacional prohibían la retransmisión de La Marsellesa: Francia era amiga de la República.

Dámaso Alonso, en expression feliz, dijo que el siglo XX fue “el siglo de las siglas”. Yo creo que el siglo XXI va a ser el siglo de las prohibiciones. Los ecologistas,y los arqueólogos (los “senores de las escobillas”) a los que se unirán los animalistas propugnarán por toda clases de prohibiciones en el futuro. Todo ello sin contar con las restricciones impuestas por ”politicamente incorrectas” contra expresiones, frases y palabras (por ejemplo, la palabra que comienza con N en USA) y lo que se nos viene encima con la descabellada Ley de la Memoria Histórica. Un historiador británico, David Irving,fue encarcelado en Austria y no puede poner los pies en muchos paises por haberse atrevido a dudar (en parte) la autenticidad del Holocausto. La libertad de expression no cuenta para él.

Nada hay nuevo bajo el sol. Los sevillanos iban a bailar a Huelva y muchos catalanes como ya lo hicieron bajo el nacional catolicismo, cuando atestaban los cines franceses en la frontera para poder ver peliculas prohibidas en España, viajaran a Zaragoza paa ver torear al “Juli”.
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