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NI MOROS NI JUDIOS

Conste que no soy un especialista en relaciones internacionales, ni un historiador ni un experto en Gibraltargibraltar. Lo que sigue está basado en datos reales que cualquiera puede verificar, un poco de imaginación y sentido común.
Para empezar no sé cómo se le ocurre a algunos pensar y hasta vociferar que Gran Bretaña nos ha robado un pedazo de España. No hay tal. La corona española y los políticos que la representaban acordaron por el Tratado de Utrecht (1713) ceder a la Gran Bretaña el Peñón a perpetuidad. Culpémonos, pues, por su perdida y no demonicemos a quien por su poderío sacó tajada en unas negociaciones en las que no éramos sino lacayos de Francia. Culpemos también a nuestra tradicional incompetencia el no haber podido recuperarlo a pesar de numerosos asedios. El dicho “plaza sitiada plaza tomada” no acertó en esta ocasión. Ni tampoco en el famoso asedio del Alcázar de Toledo, en nuestra guerra civil, que también fracasó por la incompetencia de los milicianos republicanos que intentaron tomarlo.

El caso es que Gibraltar permanece como una zona irredenta en la geografía española. Su recuperación es quizás la única cosa en que están de acuerdos todos los españoles (excepto los separatistas vasco-catalanes, a quienes este tema les importa un comino) sin distinción de credo político. Recuerdo que en Julio de 1942 mi padre y yo hicimos un viaje por mar de Cádiz a Barcelona. Tenía yo 17 años. Navegábamos en el “Ciudad de Palma”, un buque de la Transmediterránea. Por cierto que unos de los pasajeros era el famoso escritor y tocayo Eugenio D’Ors. Ya de noche, a la hora o así de zarpar de Cádiz estaba yo en la cubierta gozando de una deliciosa brisa y contemplando las estrellas en una noche oscurísima y silenciosa. De pronto noto que el buque pierde velocidad y finalmente se para. Oigo voces. Me aproximo a donde provienen y veo como a luz de unos focos varios militares suben por una escala hacia la cubierta. Que eran militares era fácil de apreciar por sus gorras de plato, correaje y pistola al cinco. Sin embargo era la primera vez, fuera de las películas, que veía militares con pantalón corto. Entonces supe que estábamos frente a Gibraltar y los militares, británicos, venían a inspeccionar carga y pasajeros. Sentí indignación.

Los expertos en el tema opinan que el Tratado de Utrecht ha sido violado por Gran Bretaña. Hay un ejemplo de incumplimiento que creo no se pondrá sobre el tapete. Cuando la plaza fue ocupada (1704) en el transcurso de la Guerra de Sucesión por un contingente anglo-holandés, los vecinos de Gibraltar huyeron y se asentaron en lo que hoy es San Roque (Cádiz). Al acordase el Tratado y a petición de España, el Reino Unido se comprometió a no sustituir la población que había evacuado el Peñón “ni por moros ni por judíos”. Lo cierto es que hoy viven en Gibraltar numerosos moros y judíos. ¿Pero, como va España a protestar si España está llena de moros y alberga a algunos judíos?

Entre otras cláusulas que se han infringido la más importante es la construcción del aeropuerto (1938) en el istmo que separa la península de la frontera con Gibraltar, en tierra española. Gran Bretaña construyo este aeropuerto aprovechándose de que estando España envuelta en una guerra civil, pensó, y estaba en lo cierto que España (cualquiera de las dos en la contienda) no estaba en condiciones para montar una protesta. Tenía otros problemas más urgentes.

Y como España es parte de la Unión Europea parece ser que se infringen determinados reglamentos europeos tales como aquellos que afectan al medio ambiental.

Las relaciones entre España y el Reino Unido se han venido deteriorando y últimamente ha habido quejas españolas contra determinados restricciones a los pescadores españoles, el contrabando, el blanqueo de dinero, etc.

¿Cuál es el futuro de Gibraltar? Para mí que Gibraltar será un día español. ¿Cuándo? Ni idea. ¿Cómo? Tampoco lo sé. Pero uno tiene imaginación y puede barajar con ciertos esquemas que darían las respuesta a cómo la recuperación podría producirse.

Hay, en primer lugar dos hechos fundamentales. El primero es que los “llanitos” como así llamamos a los habitantes de la plaza, no quieren ser españoles. Por tres veces, en 1967, 2002 y 2006 los llanitos han votado en este sentido. No por un desmedido amor a la metrópoli. Bien mirado, los llanitos son ciudadanos británicos de segunda clase. Excepto que son blancos, tienen el mismo “status”: que los indígenas de las islas Pitcairn en el Pacifico o los de las Islas Vírgenes en el Caribe. La inmensa mayoría jamás han visitado el Reino Unido, ni tienen parientes en el mismo. Para ellos la metrópoli es una entelequia. Los llanitos no quieren ser españoles porque España no puede darles el mismo nivel de bienestar al que están acostumbrados. En tiempos de Franco alegaban la falta de libertad. Hoy el tema que predomina es la economía. Gibraltar es próspera y siempre lo ha sido. Temen perder esa prosperidad.

Otro factor es que Gran Bretaña ha perdido interés en conservar Gibraltar. Ha perdido su imperio. La Royal Navy ya no domina los mares. Por diversos factores geopoliticomilitares Gibraltar yo no es para el Reino Unido “la llave del mediterráneo”. Es más, Gibraltar ya no es su colonia. En 2006 Gibraltar se dio a sí misma una Constitución y se convirtió en una región autónoma con sus propio gobierno, policía, tributos, franquicias, etc. Gibraltar es ahora, desde el punto de vista británico, un “British Overseas Territory”, o Territorio Británico de Ultramar. Gran Bretaña solo se ocupa de su defensa y sus relaciones exteriores. La ya ex colonia no tiene otro nexo de unión con la metropoli que su gobernador, que representa a la Reina Isabel II y que puede ser un ciudadano británico o simplemente un llanito.

Es, en este aspect, en que los expertos e Gibraltar se apoyan para opinar que Gibraltar ha hecho dejación de su ex colonia. Según el Tratado España tendría la primera opción para la recuperación de la plaza si Gran Bretaña “vendiera, cediera o de cualquier manera enajenara el Peñón”. Opinan los expertos que aunque El Reino Unido no ha vendido ni enajenado Gibraltar, sí que la ha “cedido” desde el momento que al dejar de ser una colonia ha permitido que la plaza se gobierne por sí misma.

Con estas premisas uno puede pensar en la posibilidad de que un día España y el Reino Unido podrían llegar a un acuerdo en virtud del cual el Tratado de Utrecht, en lo que respecta a Gibraltar, seria anulado. Excepto el aeropuerto y el puerto de Gibraltar, que pasarían inmediatamente a la soberanía de España, nuestro país se comprometería a respetar el presente estatus de Gibraltar durante cien años. Lo de los cien años es por aquello de “dentro de cien años todos calvos.” La idea sería amortiguar el trauma de un repentino cambio de banderas. Bajo este esquema la presente generación y muchas de las que le sucedieran vivirían exactamente igual que ahora. España permitiría que Gibraltar conservara su régimen gubernativo, sus leyes, impuestos e incluso sus privilegios tales como sus casinos, su condición de paraíso fiscal, la opción de conservar la nacionalidad Britania o elegir la española, etc. España no recibiría de Gibraltar un duro. Más aun, podría, incluso, ofrecerle los mismos subsidios o contribución económica (pero no mas) que los que estarían recibiendo de la metrópoli, si los hubiera. Excepto el control del aeropuerto y el puerto, España lo dejaría todo como está en la actualidad. Para dejarle le dejaría hasta sus monos.

Hay un antecedente. En 1898 la misma Gran Bretaña arrendó a los chinos unas tierras contiguas a Hong Kong, y por tratado, se comprometió devolver a la China tales territorios más la totalidad de la colonia de Hong Kong en cien años, lo que tuvo efecto en 1998.

Volviendo a Gibraltar habria una condición sine qua non para que dicha transmisión pudiera tener efecto. Los llanitos tendrían, por referéndum, dar su conformidad a la misma.

Uno pensaría que bajo tales condiciones la población de Gibraltar tendría que dar la conformidad. No tendría nada que perder. Más aun el primer ministro de Gibraltar y su gobierno entenderían, por los términos de este acuerdo o tratado que el Reino Unido estaba manifestando claramente haber perdido todo interés en conserva la soberanía sobre Gibraltar.

Pero todo pudiera ocurrir. Cabe la posibilidad, que juzgo remota, que Gibraltar se opusiera a la transmisión de soberanía. En ese caso, en el esquema que estoy construyendo España ocuparía la plaza de Gibraltar, eso sí, manteniendo su compromiso de respetar su presente estatus.

También hay precedente. Es el caso de Goa. Goa era una diminuta región en el noroeste de la India ocupada por Portugal en el siglo XVI. Era parte de su extenso imperio colonial. Ganada su independencia de la Gran Bretaña, en 1950, la India comenzó a hacer ruido protestando contra la continuada existencia de la colonia portuguesa, alegando que era una violación de su soberanía y que su mera existencia infringía la doctrina anticolonial de las Naciones Unidas. Las relaciones indo portuguesas se fueron tensando en el curso de los años hasta que en 1961, sin previo aviso ni declaración de guerra un fuerte y numeroso contingente militar indio que incluía fuerzas navales y aéreas, invadió la minúscula colonia que no contaba para su defensa sino con unos pocos miles de soldados y policías. La “guerra” duró dos días. Hubo más de cien muertos por ambos lados. La India fue objeto de universal oprobio. Hubo manifestaciones en su contra, protestas en la Naciones Unidas, etc. El Presidente Kennedy hizo resaltar la hipocresía de la India que, siguiendo la táctica de Gandhi de la desobediencia civil, llevaba años predicando contra la violencia en las relaciones internacionales. Poco a poco todo se fue calmando. Pasado uno meses nadie se acordaba de Goa.

La anexión de Gibraltar se haría cautelosamente. Una fuerza lo suficientemente poderosa para dar a entender a la débil defensa de la plaza que sería inútil resistir haría posible ocuparla sin pegar un tiro. Al mismo tiempo el gobierno español proclamaría su intención de mantener la promesa dada antes de la ocupación de respetar el estatus de la plaza en todos los órdenes excepto el control del aeródromo y del puerto.

¿Y qué haría el Reino Unido? ¿Tendríamos otras Malvinas? Las Malvinas (Falklands para los británicos) antigua posesión española pasaron a la Argentina al declararse esta ultima una república independiente. Para entonces las Malvinas, una agrupación de islas en el Atlántico sur, azotadas por un viento gélido y escasamente poblada, estaba ocupada por la Gran Bretaña. La Argentina ha venido clamando por su devolución durante doscientos años. En 1982, como en el caso de Goa, un contingente militar argentino, sin previo aviso ni declaración de guerra, invadió las Malvinas. Por aquellas calendas la Gran Bretaña estaba gobernada por la Premier Margaret Thatcher (“La Dama de Hierro”), quien,al enterarse de la noticia, montó en cólera e invocando las glorias del ya inexistente Imperio británico y usando de todos sus resortes demagógicos movilizó la opinión pública y con la ayuda (algo encubierta) de USA mandó una poderosa fuerza aeronaval a enfrentarse con los argentinos. La operación duro setenta y dos días y terminó con la derrota de los invasores y la total recuperación de las islas. La vuelta de las fuerzas británicas a casa fue triunfal.

No, no creo que tendríamos otras Malvinas. Francamente yo no veo a la Royal Navy cañoneando Vigo ni a los Royal Marines desembarcando en Cádiz, como ya lo hizo en el siglo XVI el Conde Essex, quien entre otras cosas saqueó varias bodegas y de ahí proviene la afición desmedida de los británicos por el vino de Jerez. Las cosas han cambiado. Ni el Reino Unido está gobernado por una Thatcher, ni el público británico está para aventuras coloniales. Gibraltar es poca cosa para el público británico. Apostaría a que muchos no saben ni siquiera donde está situado. La guerra de las Malvinas, pasados los primeros excesos chauvinistas dejo un mal sabor de boca. Para liberar a unas islas situadas donde Cristo dio las tres voces y con más ovejas que humanos, la Gran Bretaña perdió varios buques y lo que, es peor 255 vidas de los suyos. Un alto precio para tan poca cosa. La Gran Bretaña ha proclamad varias veces que no permitirá que su ex colonia pase a las manos de España. Suena bien, pero en realidad son latiguillos para la galería.

El Reino Unido, visto que no habría pérdidas humanas y que Gibraltar continuaría gozando de su particular estatus haría algunas débiles (pro forma) protestas en los tradicionales foros contra la anexión manu militari. Habría algún revuelo en las Naciones Unidas, algunos editoriales anti españoles y ahí quedaría todo. Como el soldado en los versos de Cervantes (“Al Túmulo de Felipe II en Sevilla”) el Reino Unido miraria al soslayo, fuese, y no hubo nada. La nación que haría más ruido seria posiblemente Marruecos, que se vería “copado” teniendo a un Gibraltar español enfrente y los enclaves engarzados de en su territorio de Ceuta Y Melilla.

Puestos a imaginar, nada seria de extrañar que el Reino Unido, por protocolo secreto, acordara con España no usar de la fuerza si esta se viera en el caso de anexionar su ex colonia.

Pasados cien años Gibraltar pasaría a ser otra ciudad más en la autonomía andaluza. ¿Y de los monos, qué? Ah, pues vaya usted a saber. A los mejor se apuntarían al PSOE.