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PERSONAJES Y PERSONAJILLOS

Marlene Dietrich

Marlene Dietrich

 

Por Eugenio Cazorla Bermúdez

Yo he vivido en Dallas (Texas), fundada en 1856,  más  de un tercio de su existencia. En estos más de cincuenta años he tenido la oportunidad de ver, oír y a veces tratar a numerosas personas  foráneas o del país,  de diverso pelaje, y  buena o mala fama y disposición. La mayoría pasaron a mejor vida. Corrigiendo a Bécquer, ¡Dios mío, que solo se quedan los vivosļ

 Cuando yo llegué aquí, en 1958, portando una beca de graduado para cursar  estudios de derecho comparado,  estudios que solo dos  años antes había también cursado en la misma Universidad mi amigo e ilustre poeta y novelista sevillano Aquilino Duque, Dallas no era precisamente el ombligo del mundo.   Aquí no venía nadie de fuera. Las cosas cambiarían en 1963, a raíz del asesinato del presidente Kennedy, lo que, tristemente, contribuyó a poner  a Dallas en el mapa.

No obstante, alguien  venía. Poco  después de mi llegada pude gozar con la presencia y actuación  de dos estrellas, una en pleno ascenso, la otra en los comienzos de su declive. Oí (e incluso saludé en su camerino) a María Callas

Maria Callas

Maria Callas

en su debut americano de la ópera “Medea”, un éxito sensacional. La Callas arrastraba consigo una vida de escándalos profesionales que luego llegarían a ser personales cuando abandonando a su marido se emparejó con el mega billonario  griego Aristóteles Onassis, quien luego la substituiría   con Jacqueline, la viuda del presidente Kennedy. La otra estrella, la bella Marlene Dietrich , de  voz cálida, subyugante y unas deslumbrantes piernas  había sido  un verdadero mito del cine. Verla en persona fue una experiencia inolvidable.

Y mentando la opera por aquí recaló un cantante madrileño de segunda o tercera fila que había emigrado de la zarzuela (entonces en total decadencia) a la ópera. No tenía mala voz y ello le proporciono la oportunidad de cantar  no solo en España sino en el extranjero. Había reunido unos ahorrillos que había invertidos en un taxi. Era hombre bueno, dicharachero,  de pocas letras. “Oh, aquel Paternon,” refiriéndose a una visita a la Acrópolis después de cantar  en Atenas lo que él llamaba “un Nabuco”.

La primera personalidad española que pude conocer y tratar fue Blas Piñar, fundador en la transición (quizás un poco antes) de “Fuerza Nueva” un partido político disconforme con la democracia. Cuando yo le conocí, a poco de yo llegar aquí, era director del Instituto de Cultura Hispánica del que luego sería defenestrado.  Le trate  poco, pero recuerdo como su mirada ardiente  denotaba ya  el fuego ultraderechista que le consumía.

También pude conocer a varios políticos americanos en aquellos primeros años. Fue durante la campaña presidencial de John F Kennedy para su segunda vuelta en la Casa Blanca.  Conocí a algunos de sus fieles o conmilitones: Adlai Stevenson,  Lyndon B Johnson, que luego sucedería a Kennedy a raíz del magnicidio, y Harry S. Truman, que sucedió al General Eisenhower en la Casa Blanca y resolvió afirmativamente  el terrible dilema de si mandar arrojar la bomba atómica sobre Japón  o no. Truman, liberal antifranquista, había tenido mala prensa (falangista) en España  en sus tiempos de presidente. Por curiosidad fui a escucharlo. Era un hombre más bien bajo, de apariencia vulgar. Pero eso era solo la fachada. Tenía una voz poderosa y convincente.  Nó, no  era el alfeñique de las corbatas “Truman” que nos habían pintado los acerbos editoriales de la prensa del “Movimiento”.

Y por supuesto, poco después, desde  una acera en una calle del centro de Dallas  y a escasos metros vi a pasar en un coche abierto, al candidato, John F. Kennedy, y su esposa Jacqueline,  jóvenes, sonrientes, llenos de vida en su camino hacia la muerte. Véanse mis recuerdos sobre este triste episodio en este blog (Eugenio Cazorla’s blog, en Google, o  http://Eugenio Cazorla.com/blog) bajo el título “Fue un 22 de Noviembre”.

La opulenta Universidad de Texas en Austin (la  capital del estado) posee un Departamento de Español famoso en el país, con una biblioteca riquísima. Por allí han desfilado numerosas personalidades del mundo literario español e hispanoamericano. A poco del asesinato de Kennedy, en enero o febrero de 1964,  tuve la oportunidad de conocer a Ricardo Gullón, eminente crítico de la obra de Juan Ramón Jiménez, en la propia Austin. Almorzamos juntos. Por aquellas fechas barría las cifras de venta la novela de José M. Gironella “Los Cipreses Creen en Dios”. Su traducción en los EE.UU tuvo un éxito clamoroso, en parte debido a haber sido apadrinada por varios círculos católicos. Como le preguntara que opinaba de la novela me respondió tajante “Es un  bodrio”. “Pero don Ricardo, es Premio Nacional de Literatura”. “Nada, es un bodrio”. Aquello me impresionó.

No sé si fue la curiosidad pero el caso es que mucha gente empezó a venir a Dallas, que ya “estaba” en el mapa. Fueron muchas las personalidades españolas (y algunas extranjeras)  a las que pude conocer: políticos, escritores, arquitectos, artistas, aristócratas (reales o ficticios), periodistas, diplomáticos y hasta la realeza.

Sin duda alguna el político español más importante que visito Dallas fue don Manuel Fraga Iribarne. Yo le trate dos veces, una en Dallas y la otra en San Antonio, ambas siendo ministro de Información y Turismo, en 1964 y 1966. Doy las detalles de este conocimiento en mi citado  blog  en un artículo publicado  a raíz de su fallecimiento. Solo apunto ahora a su descripción, una vez que le puse en antecedentes,  de la ultraderechista Dallas, en noviembre de 1963, como “una Pamplona protestante”.  

Ya después de la transición el gobierno de Euskadi envió aquí una delegación de su departamento de Turismo y Cultura que nos obsequiaron con un espléndido banquete y una proliferación de suntuosos folletos repletos de literatura nacionalista. El delegado de Cultura, un tal Joseba Aguirre dio una conferencia sobre el País Vasco y amparándose en la ignorancia del público americano que aguantaba su deplorable inglés tuvo la desfachatez de anunciar que Euskadi era un país “situado” entre España y Francia. 

Muchos años más tarde conocí a Francisco Camps, presidente de la comunidad valenciana. Eso fue antes de la tragicomedia de los “tres tristes trajes”. 

Escritores conocí a muchos: Julián Marías, Jorge Guillen, Juan Marichal (después de comprar en Méjico las Memorias de Azaña que él editó y que andaban prohibidas en España), Felix Grande, el mejicano Carlos Fuentes, etcétera.  Uno que no me cayó bien fue el argentino Jorge Luis Borges. Me pareció un hombre frio, indiferente, pagado de sí mismo. También conocí a Pablo Beltrán de Heredia, ya retirado como profesor en la Universidad de Texas en Austin, reuniéndome con él en Dallas y en su Santander. Sin embargo no pude conocer al famoso poeta y ex falangista  Dionisio Ridruejo, que también fue profesor de la citada institución en Austin. Y hablando de falangistas conocí y  traté a un vieja guardia y miembro de la Junta Política de Falange Española, amigo de su fundador José Antonio Primo de Rivera. Me refiero a José Sainz Nothnagel, que después de hacer  la guerra y vivir  parte de la posguerra en España se retiró de la política y ancló en Dallas, donde murió. Una completa semblanza de este personaje puede también encontrarse en mi citado blog. 

En Nueva York conocí al famoso bailarín “Antonio”, que con su pareja “Rosario” habían formado parte de la “troupe” de Carmen Amaya,  y en Dallas a otro bailarín, José “Greco”, que yo suponía español hasta que me confesó que había nacido y se había criado en Brooklyn, Nueva York.

Hubo también un  escritor que también visitó Dallas, invitado por el Departamento de Estado de USA a raíz de haber recibido el premio  Nadal por su novela “El Cuajarón (1971). Esta fue una visita emotiva porque  el autor fue mi entrañable amigo y compañero en la Facultad de Derecho de Sevilla José María Requena, poeta, periodista y escritor. De él guardo unas letrillas que dice: 

                                                     “Aquel que nunca fué ”cosa”

                                                       Y de pronto cosa le hacen

                                                       Desde que le han hecho cosa

                                                        ¡Jesús, cuantas “cosas”  haceļ 

Al cumplirse los diez años del asesinato de Kennedy, en 1973 un equipo de Radio Televisión Española vino a Dallas a hacer un reportaje sobre el asesinato. Me encontraron y pidieron que les ayudara, a lo que no tuve ningún inconveniente. Hicieron muchas tomas y yo les organicé entrevistas con abogados fiscales y defensores y algunos testigos en el caso contra  Jack Ruby, presunto asesino de Lee Harvey Oswald, a su vez presunto asesino del presidente.  Cuando terminaron, Mariñas, que era el jefe del grupo me pidió le presentara un español “atípico” a quien entrevistar como colofón de la visita. Yo le presente a José Rodríguez, un gallego afilador de cuchillos  que recorría  algunos barrios de la ciudad empujando su rueda medieval, algo que me llevaba a mi niñez en Sevilla. Mariñas quedo encantado. La entrevista terminó de forma jocosa pues habiendo pedido Mariñas que enviara un mensaje a los varios millones de oyentes que le escucharían (la entrevista se estaba grabando) no se le ocurrió, en pleno régimen franquista,  sino gritar ¡Viva la Republica! Todo esto lo publiqué en el Diario de Sevilla en Noviembre de 2012  bajo el título “Se le había parado el reloj”. 

Tuve  también la oportunidad de conocer a la Infanta Pilar y, más tarde, a nuestros reyes siendo José M.  Aznar  presidente del Gobierno. Venían acompañados del por entonces ministro de Estado  Josep Piqué. El motivo de la visita fué la inauguración del nuevo edificio del importante museo Meadows, que alberga una estupenda colección de arte español. Les acompañaba también el arquitecto Santiago Calatrava, hombre popular en Dallas, que tiene una pieza escultórica en dicho museo y ha diseñado dos puentes sobre nuestro mini-Manzanares, el rio Trinity, uno de ellos ya abierto al tráfico. 

Del cuerpo diplomático he conocido en tantos años a infinidad de embajadores, cónsules, vice-cónsules, agregados de lo uno y de lo otro con varia fortuna. Guardo especial recuerdo de Ricardo Martín-Fluxá, cónsul en Houston (Texas) quien me ayudó a recuperar mi nacionalidad española y del embajador de España en Washington,  Antonio Oyarzábal que quedó impresionado cuando le dije que sabía dónde. cuando y como murieron sus padres. [Su padre era diplomático en la embajada española en Berlín. En las Navidades de 1944 acompañado de su esposa viajó en tren desde Berlín hacia España. Atravesando Francia una escuadrilla de la RAF bombardeó el tren y terminó con las vidas del diplomático Oyarzabal y su esposa. Me enteré leyendo las memorias  (“Berlín Diaries”)  de la Princesa  Marie Vassilchikov  una rusa “blanca” que vivía en Berlín y era amiga de los Oyarzabal]. 

En los años ochenta hubo une exposición monográfica dedicada a El Greco en el Museo de Bellas Artes de Dallas. Con este motivo vino a Dallas el actual duque de Medinaceli, entonces duque de Segorbe, quien  había prestado al museo algunos de los Grecos de su anciana casa ducal. Coincidimos en una fiesta y como le preguntara que opinaba de  los actuales  Borbones me contestó: “Son unos advenedizos”. 

Ha conocido a muchas otros personajes y personajillos  pero mencionarlos a todas haría este relato interminable.  

Dallas sigue sin ser el ombligo del mundo (ningún Papa se ha acercado por aquí, aunque sí la reina de Inglaterra y su ministra Margaret Thatcher)   pero el  caso es que por una cosa o por otra (ha producido en los últimos treinta años tres premios Nobel, de los que dos aún viven y trabajan aquí en biología y bioquímica) ya todos saben dónde está y yo estoy aquí para contarlo.