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UNA NUEVA RELIGION

 

Hace unos  años fui a España en Octubre, como de costumbre. Y como de costumbre permanecí en la misma varias semanas.  Esperando un avión en el aeropuerto de San Pablo, en Sevilla, cayó en mis manos una edición del diario  Abc que incluía su suplemento cultural. En dicho  suplemento encontré una artículo, que juzgué interesante, debido a la pluma de Don Andrés Ibáñez, bajo el titulo “Estados Unidos  cómo religión”.  Leí el artículo varias veces porque me intrigó las conclusiones a las que el Sr. Ibáñez llega al definir lo que es este país. Que por cierto él denomina, a veces,  América, un nombre que solo utilizan corrientemente los británicos  y lo países de la comunidad británica (“Commonwealth”) y raras veces y en contextos específicos los propios americanos.  Pienso que estoy de acuerdo con algunos de sus hallazgos pero no con otros.

Dice el Sr. Ibáñez que que los americanos son muy religiosos pero que “el verdadero Dios de los americanos es América”. Definitivamente, para el Sr. Ibáñez, “América es Dios”. Según  él “los grandes templos de América no han sido construidos por el hombre sino por el propio Dios-América”   Y son el Gran Cañón (Colorado-Arizona), Monumento  Valley (Utah), el Monte Rushmore (South Dakota)  sus montañas, valles, ríos y hasta su propia gente. Para él,  país,  sus símbolos religiosos no son catedrales  pagodas, o mezquitas, sino  el Cañón del Colorado, el Monte Rushmore, el parque Yosemite, etcétera. . (Se le quedó en el tintero las cataratas del Niágara). Más aun, los americanos, según el Sr. Ibáñez,  no acuden en peregrinaje a Santiago, Lourdes, La Meca o Tierra Santa.  Van a las  citadas bellezas naturales, i.e., Cañón del Colorado. Monte Rushmore, etc.

Como teoría no deja de ser, por lo menos, original. Pero yo creo que el Sr. Ibáñez confunde  religión con  patriotismo.  El Americano medio es patriota (algunos degeneran en patrioteros) y como es natural se siente orgulloso de las  bellezas  naturales que ofrece su país. Los españoles admiran el Tajo de Ronda y los americanos su Gran Cañón y ambos aparecen en guías  turísticas para pasmo de propios y extraños. ¿Pero religión? En el país con  más religiones del mundo el Sr. Ibáñez quiere crear una nueva.

Es cierto que el Gran Cañón del Colorado es visitado por millones pero no en peregrinación por que el visitante no experimenta, a mi juicio, los transportes místicos propios de un  creyente en Lourdes o la devoción de un romero en Santiago o Jerusalén. Para mí que el americano medio, el hombre de la calle es poco dado a especulaciones espirituales.  Carece de imaginación y le atrae más que las bellezas naturales aquellas  que se deben a  la mano del hombre. Tantos visitantes van a recrearse anualmente  con el Cañón como los que ascienden a la plataforma de observación del Empire State  Building en Nueva York.  Estos, según las estadísticas, doblan los que admiran Mount Rushmore (que debe su interés a las efigies esculpidas de varios presidentes americanos) y cuadruplican los que visitan el Yosemite Park.

Cuenta también el Sr. Ibáñez que” América es Dios y el presidente su Único Hijo, su avatar, la encarnación de una idea, de una imagen colectiva y sagrada.”  Con todos los respetos para el autor del artículo, creo que exagera.  Después de vivir en este país más de cincuenta años puedo asegurar que nadie llega a tal nivel de abstracción. ¿Un Cristo reciclado cada cuatro u ocho años? Pero hay más. Para el Sr. Ibáñez, “matar al presidente es como matar a Cristo”. Obviamente el Sr. Ibáñez, está pensando en dos presidentes, Lincoln, asesinado en 1865 y Kennedy, en 1963. Dos héroe, dos  mitos, uno en el siglo XIX, autor de la emancipación de los esclavos  y otro  en el siglo XX, impulsor de la aventura del espacio. Es verdad que el ciudadano americano (y el ciudadano mundial) vio en la muerte de ambos presidentes  cómo moría algo suyo. Pero equiparar  este sentimiento de pérdida irreparable de un mortal al sacrificio del mismísimo  Cristo es pura desfachatez.  Además los presidentes asesinados no fueron solo Lincoln y Kennedy. En el siglo XIX, fueron dos más. El presidente Garfield (1831-1881) murió en la cama mayormente debido a incompetencia médica y el presidente McKinley, que lo fue al tiempo de la desdichada guerra hispanoamericana, también murió en la cama varios días` después de haber sido tiroteado por un anarquista. Históricamente, ambos no son sino  una nota al pie de página. Cristo murió por  salvar a la humanidad a manos del  Imperio Romano. Los cuatro presidentes murieron con honra,  pero  a manos de psicópatas.

Estoy de acuerdo en que según el Sr. Ibáñez los americanos son “muy activos, muy originales, muy atrevidos” y, sobre todo, con su aserto de   que “no existe ningún país donde el mérito personal, la originalidad y el esfuerzo reciban una recompensa tan alta y donde sea reconocido más rápido”. Pero,  continúa,  los americanos “no creen en el azar ni en la incertidumbre” ¿Qué no creen el azar? Entonces ¿qué pitan los casinos de juego? ¿Quién, sino América, creó el emporio que es Las Vegas? Y continúa: “Por eso quieren planearlo todo” “No saben improvisar”. De acuerdo en que la improvisación, fruto de la ineptitud o de la pereza, tan corrientes en España, no es algo normal  en USA. Pero en eso no se diferencian en nada de  los alemanes, los suecos, etcétera.  Aquí, en USA,  se planifica todo con un margen de contingencias negativas debidas al azar. Pero tampoco eso garantiza el éxito.  Varias naves espaciales se han perdido a pesar  del riguroso planeamiento en su lanzamiento.  Otras veces la extensa y profunda planificación queda en aguas de borrajas por una variedad de motivos.    Decidir no fabricar la versión estadounidense del avión supersónico comercial demostró ser un acierto.  Pero discontinuar la construcción  (por cierto muy cerca de Dallas, dónde vivo) del Super Conductor Super Collider o acelerador de partículas atómicas, debido a  exigencias presupuestarias, fue un serio error.

En definitiva, una pieza original pero que, en gran parte, no me convence.