De vez en cuando pulso mi nombre en Google con la idea de averiguar que tráfico genera los artículos que publico en mi blog (“Eugenio Cazorla’s blog”). El otro día, enfrascado en esta tarea encontré mi nombre ligado al de “Tertulia Bética”, cosa que no me extrañó pues que estando en Sevilla en Marzo de 2013 Don Alfonso del Castillo me propuso una entrevista para la sección Historia del Real Betis Balompié de la página web “Manquepierda”, una creación digital dirigida al beticismo, entrevista que se publicó ya yo de regreso a Dallas. En dicha entrevista mencionaba a la Tertulia, que conocí y frecuenté de 1940 a 1958 en su ubicación sevillana de la calle Velázquez y después de radicarme en Dallas (Texas), en numerosas ocasiones en mis visitas anuales a España, hasta el fallecimiento de mi padre, en 1991.
Pero el enlace no era el de una institución u organismo bético. Era una página web titulada La Palangana Mecánica”, que bajo su título ostenta como consigna, “Sevilla FC: un nombre, una ciudad, un club”. Esta publicación digital, también como Manquepierda de carácter no oficial advierte a sus lectores que se trata de un blog particular y que “las opiniones que en él se vierten son las de sus autores”. Me alegro saberlo porque las opiniones y conceptos que aquí voy a exponer, van dirigidas a sus autores y no al club sevillista. Entre dichos autores figura un tal Carlos Romero, que se prodiga que da gusto y otro que se oculta en el anonimato bajo el seudónimo “Guardianes de la Memoria”.
Entre ambos (y alguien más, como un tal Cornelio) se ocupan, en mucho de sus artículos, más que en glorificar a su equipo, a denigrar al eterno rival. Por ejemplo, derrochan tiempo y esfuerzo en analizar y desmenuzar detalles tan nimios e intrascendentes como afirmar que el Betis nunca fue el equipo de la clase obrera, como se ha venido diciendo, sino de aristócratas (de ahí lo de “Real”) y golpistas (aludiendo al Alzamiento del 18 de Julio de 1936), que si el campo de futbol de la Exposición, hoy Benito Villamarín, fué o no pagado al ayuntamiento (Palangana opina que, a faltas de prueba, fue un “regalo”), etcétera, etcétera. En uno de estos artículos Carlos Romero hace prodigios de investigación para tratar de demonstrar que la fundación del Real Betis no fue en 1907, que es la versión oficial bética, sino varios años más tarde. Y yo me pregunto: ¿es esto tan importante y trascendental como para llenar páginas y páginas en lo que con un poco de perspectiva no pasa de ser una bagatela? Qué mas dá si el Real Betis fue fundado en 1907 o varios años después? Dentro de mil años 1492 se recordará y celebrará como la fecha del descubrimiento de América y una gloria de España. Dentro del mil años, ¿qué quedará del Betis, o del Sevilla o del todopoderoso Real Madrid?
Pero lo que verdaderamente me solivianta son los conceptos vertidos en el artículo titulado “La Tertulia Bética, nido de……” bajo la firma cobarde, por anónima, de “Guardianes de la Memoria”, fechado en 12 de noviembre de 2013 y seguramente inspirada por la entrevista que me hizo Don Alfonso del Castillo en cuanto se menciona en el mismo a mi persona. En dicho artículo se califica la Tertulia Bética como un lugar en el que se conspiró y prácticamente se planeó el golpe militar del 18 de Julio de 1936 en Sevilla bajo la batuta de su presidente a la sazón, Don Francisco Bohórquez Vecina, coronel jurídico militar, asistidos por su compañeros en la junta y socios de la entidad entre los que encontraba mi padre, Federico Cazorla, “íntimo de Bohórquez (lo llevaba consigo a todas partes, ya fuese al Patronato, a la Tertulia o a la junta de gobierno de la Macarena”). Refiriéndose luego a la cesión del campo de futbol de la Exposición por el Ayuntamiento de Sevilla al Betis, lo que tuvo lugar el 16 de Julio, un día antes a la fecha del Alzamiento en África, Palangana suple una foto del acto de la firma de cesión y describe quienes asistieron al acto de la firma y en representación de quien o de qué, figurando entre los mismos mi padre, con otros socios en nombre de la Tertulia. Y, literalmente, continua:” A estas alturas (16 de Julio de 1936) los conspiradores tenían perfectamente definido su plan, incluida la rebelión en Sevilla en la fueron protagonistas decisivos socios y miembros¿ de la cúpula directiva del Real Betis Balompié, asi como de la propia Tertulia Bética, a saber, José Cuesta Monereo, Eduardo Benjumea, José Sanchez-Laulhe, Adolfo Cuellar Rodríguez-Jurado y Francisco Bohórquez Vecina, [(a quien por cierto Palangana describe como “el bandolero”, por lo de los bandos (de guerra) suponemos)], entre otros.
Desde la altura de mis noventa años de edad, esto, si no fuera trágico, me haría reír. Yo no sé dónde estaban los “conspiradores’ y “golpistas” de la Tertulia Bética el 18 de Julio de 1936. Pero yo, que tenía entonces 11 años sé muy bien donde estaba mi padre. En nuestra casa, Juan Rabadán 24, festejando el día de su santo, porque da la pajolera casualidad que San Federico coincide con la fecha del Alzamiento en la península. Y no salió de la casa en tres días.¡ Menudo conspirador!
En varios de estos artículos en Palangana se vierten estupideces tales como que el Betis no era, como aducen algunos béticos, el equipo de los obreros, sino de señoritos y aristócratas, cuando no “golpistas”, que la Tertulia Bética era un “nido de….” mientras que la sede del sevillismo, el círculo Mercantil era republicano y liberal. Mal republicano sería el Círculo Mercantil cuando las turbas que ayudaron a traer la república trataron de incendiarlo, quemando solo la fachada (hay abundante prueba fotográfica) el 10 de Agosto de 1932, como represalia por la “sanjurjada” de la misma fecha. Y mal podría ser republicano el Círculo Mercantil cuando don José Calvo Sotelo, el jefe de la oposición en la Cortes contra el gobierno del Frente Popular (según Palangana, el gobierno del sevillismo) fue invitado por la junta directiva del mismo a pronunciar un discurso en Abril de 1936, discurso que no llegó a pronunciarse por haberlo asi aconsejado el gobernador civil “para evitar males mayores” sustituyendo el discurso por una entrevista que le concedió al ABC de Sevilla. (“Sevilla fue la Clave”, Nicolás Salas, (1992) tomo I, pagina 144,). Y en cuanto a “señoritos y aristócratas,” ¿Olvida Palangana que el Marqués de Contadero, fue presidente del Sevilla desde 1942 a 1948? Y que Ramon de Carranza y Gómez, Marqués de Sotohermoso lo fue cuatro años, de 1957 a 1961? ¿Olvida Palangana que Ramon de Carranza fue designado alcalde de Sevilla el 19 de Julio de 1936 por el militar retirado Pedro Parias González, (quien a su vez habia sido nombrado gobernador de Sevilla por su íntimo amigo Gonzalo Queipo de Llano) y que Carranza tuvo una activísima y personal actuación en la lucha contra los obreros republicanos en Sevilla en los primeros días del alzamiento? Por lo visto la Memoria que Palangana proclama guardar tan bien se atiene a la clásica ley del embudo.
Si Don Francisco Bohórquez, Don José Cuesta Monereo Don José Sánchez -Lauhle, Don Adolfo Cuellar y Don Eduardo Benjumea eran tan amantes de la Tertulia ¿como se explica que en los casi veinte años en que la frecuenté JAMAS vi a los mismos en dicha Tertulia? Mi padre y yo tuvimos mucha amistad con Don Francisco Bohórquez, a quien serví en la Auditoria de Guerra como Alférez de Complemento y en la Hermandad de la Macarena como Fiscal Primero, en la que él era Hermano Mayor. Pues bien, en todos esos años JAMAS me habló Don Francisco del Betis, JAMAS vi a Don Francisco presenciando un partido del Betis. Es curioso que en la nota necrológica publicada por ABC a su fallecimiento, 11 de Noviembre de 1955, se resalta su devoción a la Virgen Macarena y sus magníficos servicios a la Hermandad de la misma, pero hace caso omiso de su paso por la Tertulia Bética y el haber sido presidente de la misma. A Don Adolfo Cuéllar, que era muy bético, lo veía con frecuencia en los juzgados más aun en la Audiencia, como abogados que éramos los dos. Pero jamás lo ví en la Tertulia.
La Tertulia era un casino de juego fundado por béticos pero que contaba como socios tanto a béticos como a no béticos. A la larga estos últimos figuraron en mayoría. En los años en que la frecuenté conocí a muchos socios a quienes el Betis les traía sin cuidado. Mis tíos José y Faustino, hermanos de mi padre, asiduos de la Tertulia, eran algunos de ellos. Jamás los vi presenciando un partido de futbol. Puedo citar nombres de socios absolutamente desinteresados del Betis, todos socios antes de la guerra: Francisco Sanabria, Joaquín Bors, Martín Periñan, Luis Romero Sánchez, Diego Marín, Enrique Marin, Diego Urbina etcétera, etcétera. Todos estos señores iban a la Tertulia a jugar al julepe, al tute, al póker, o a lo que se terciara. Por el contrario, había grandes béticos que no eran socios de la tertulia (o si lo eran nunca la frecuentaban). Uno de ellos era Manolo Simó, gran amigo mío, quizás, es un suponer, porque siendo un alto ejecutivo del banco de Bilbao (hoy BBVA) estaría mal visto el que se le viera asistiendo a un casino de juego. Otro, era mi padrino de bautismo, Juan Alfonseca Caro, bético de la primera hora. En la clásica fotografía en la que aparecen viendo un partido del Real Betis en el Patronato Ignacio Sánchez Mejías, a la sazón presidente y mi padre, a su izquierda, tesorero, mi padrino aparece en la segunda fila, fumándose un puro. Lo que pasa es que mi padrino no era aficionado al juego.
Nó, Palangana yerra. En la Tertulia no se conspiró nada ni se coció nada. Palangana publica una foto de una nota publicada en la prensa por la Tertulia Bética en 1968 y dirigida al Ayuntamiento adhiriéndose a una iniciativa para que se erigiera una estatua a la memoria del General Queipo de Llano. Lo firma Juan Polledo Pérez-Villamil como presidente de la Tertulia. Yo conocí a Juan Polledo. Procedía de Madrid y se incorporó a la Tertulia en los anos cincuenta, posterior a la muerte de Queipo de Llano (1951). Si conocía a Don Francisco Bohórquez sería por ser hermano de la Macarena, no por su afiliación a la Tertulia por la que nunca aparecía aparte de la comparecencia de ambos con motivo de la inauguración del local en calle Velázquez. De modo que la afirmación que hace Polledo en la nota de que Queipo y Bohórquez “frecuentaban” la Tertulia es totalmente gratuita. ¿Cabe imaginar al “Virrey de Andalucía “en mangas de camisa enfrascado en una partida de julepe? Porque en la Tertulia se podría hablar del Betis (y del Sevilla también), de mujeres, del juego, de negocios, etcétera, pero lo que fundamentalmente se hacía era jugar a las cartas. Antes, durante, y después de la guerra. Y no a conspirar una sublevación ni a adular al régimen franquista. Por cierto que existe una foto, que conservo, de la ceremonia de la inauguración del local de la Tertulia en calle Velázquez en la que figura como asistente Don Ramón Sanchez Pizjuán, presidente a la sazon del Sevilla F.C. (primera etapa). No sería muy adverso Don Ramón a los aires que corrian en tiempos de la guerra cuando se avino (seguramente que invitado) a asistir a tal inauguración.
No es bueno ni aconsejable mezclar la política con el deporte. Palangana, absolutamente carente de pruebas, envenena a sus seguidores desvirtuando la historia. Ahora resulta que los que ganaron la guerra son los “malos” y los que la perdieron los “buenos”. Lo curiosos es que los que asi pontifican no vivieron ni conocieron la realidad de los hechos. La guerra fue una calamidad para España. En la guerra no hubo vencedores ni perdedores. Todos perdimos y todos debemos avergonzarnos de tan triste episodio en nuestra historia. De acuerdo, fue una canallada que los sublevados fusilaran a Horacio Hermoso, alcalde de Sevilla a Joaquín Puelles, presidente de la Diputación y a mi tío (político) Eduardo Santana Carbonell detenido por un grupo de falangistas y asesinado en la carretera de Sevilla a Huelva donde mi padre se hizo cargo de su cadáver, tirado en una cuneta. Pero ¿no fue también una canallada el asesinato del sacerdote José Vigil Cabrerizo, en la calle Conde Ibarra, el del estudiante falangista José Ignacio Benjumea Medina muerto a tiros por la espalda cuando cruzaba en un coche de la Plaza Nueva a calle Tetuán y el de Manuel de la Osa, cobrador de la Falange, en Triana? La fotografía del cadáver de este, con una nota prendida en su cuerpo que decía “Po fascista UHP” dio la vuelta al mundo. Los tres últimos asesinatos fueron cometidos por republicanos defensores de la “legalidad”. Todos tales asesinatos los de los buenos y los de los malos claman al cielo. La represión de los sublevados en Sevilla y en su provincia fue durísima. No la justificamos pero, a menos que uno tenga hielo en las venas, como reaccionar ante la vista de 23 cadáveres, entre ellos mujeres y niños, calcinados en la cárcel del Arahal, a la que los republicanos prendieron fuego antes de su huida a la llegada de las fuerzas sublevadas? Sobre esto ha caído un telón que nadie se atreve a levantar por miedo a ser tachado de fascista.
La represión fue, repito, durísima,, pero volviendo a Don Francisco Bohórquez él no era sino el Auditor de Guerra al tiempo de la sublevación. La atribución de los fusilamientos que se produjeron en aquel tiempo a Bohórquez no es verdad. Él era el que disponía si un acusado debería o no ser juzgado por un consejo de guerra. Si el encausado era condenado a la última pena, eso era atribuible al consejo que le juzgó, no al Auditor. La verdad es que Bohórquez salvó muchas vidas, de lo que yo fui testigo de excepción en el tiempo en que serví en la Auditoria en cuanto por mis mano pasaron muchas sumarias (no es un error tipográfico: en la esfera militar son sumarias y en el civil sumarios) de encausados que languidecían en las cárceles nueve años después de terminar la guerra. Muchos de estos encausados habian inicialmente sidos condenados a muerte. Fue Bohórquez el que intervino a favor de aquellos que no habian sido favorecidos por el indulto general de 1945 conmutándoseles la pena capital por determinados años de prisión.
Pero hay más. En Septiembre de 1936, yo, en compañía de otras flechas (la organización juvenil de la Falange) presencié un cadáver en un paraje conocido con el nombre de “Los Humeros”. Los Humeros era un pasadizo subterráneo que unía la calle Torneo con la banda occidental del rio, bajo las vías férreas del tren Sevilla-Madrid. Pues bien, este cadáver habia sido en vida Agustín Veguilla Alcántara, un agente de seguros y escritor. Yo ignoraba, al tiempo de presenciar el cadáver quien podría haber sido este pobre fusilado. Fue algo más tarde que mi padre me reveló la identidad de Veguilla, lo que sentí en el alma porque él habia sido el autor de una colección de cuentos para niños y yo tenía (y conservo) un ejemplar de tal libro. Pues bien, un falangista con pésimos antecedentes, de nombre Pablo Fernández Gómez, habia detenido a Veguilla en Septiembre de 1936, en el Altozano, y en compañía de otro falangista, lo habia conducido al citado Los Humeros y allí lo despachó con un tiro en la nuca. Hubo una investigación y el Auditor, Bohórquez, ordenó se le formara Consejo de Guerra y en este Consejo de Guerra se demostró que la muerte de Veguilla fue un asesinato a mansalva. El falangista Pablo Fernández Gómez fue hallado culpable y fusilado en 27 de Junio de 1942. (“La justicia de Queipo”, (2006) por Francisco Espinosa, pagina 180, 2006). Así era Don Francisco Bohórquez.
En esto de guerras civiles yo siempre pongo por ejemplo la diferencia entre lo ocurrido en la guerra de secesión de los Estados Unidos (1861-1865) y la de España. La guerra civil española fue un juego de niños comparada con la guerra de secesión de los Estados Unidos. Nuestra guerra duro 32 meses, la de secesión 49. En la guerra americana se combatió con una ferocidad que no existió en la nuestra. Según Thomas Hughes, el mejor historiador de nuestra guerra, las bajas sufridas en ambos bandos no pasaron de 200,000. En la guerra americana excedieron del millón. Nuestra batalla del Ebro duró cuatro meses y causó veinte mil muertos. En la batalla americana de Antetiam hubo el mismo número de muertos. Pero sólo duró….¡un día!
Pues bien, ni un sólo militar, ni un sólo civil fueron represaliados en la guerra de secesión americana. Irónicamente el único represaliado fue el Presidente Lincoln, asesinado por un espía sudista días antes de la victoria de los “yanquis”, es decir los partidarios de la Unión.
En 1936 como parte de los actos a celebrar con motivo del centenario de la fundación del Estado de Texas el entonces presidente Roosevelt asistió como tal presidente a la inauguración de un parque en la ciudad de Dallas, en la que vivo, dedicado a la memoria del famoso general Robert E. Lee, el “generalísimo “de los sublevados, los separatistas, que habían organizado la Confederación de los Estados de Sur. Habían transcurridos 71 años desde que las fuerzas que mandaba Lee fueron derrotadas. Figuraba, y figura en dicho parque un bella estatua ecuestre del general Lee. Texas formó parte de los estados sublevados del Sur, que, como se sabe, se oponían a la eliminación de la esclavitud de los negros. El parque y la estatua fueron honrados por un representante del gobierno federal, heredero del vencedor en la contienda. Sesenta y siete años han transcurrido desde el final de nuestra guerra civil (1939) y la promulgación de la Ley de la Memoria Histórica( 2006). A partir de esa fecha se han derribado todas las estatuas del general, cambiados los nombres de miles de calles y plazas y destruidas placas, emblemas y todo lo que recordara a la época de la dictadura. Es, decir, se ha destruido la Historia.
Pero nadie vandaliza el parque Lee ni osa tocar la estatua ecuestre del General Lee, que se encuentra limpia de pintadas, a pesar de que Dallas cuenta con una larga población de raza negra, cuyos ancestros consideraban a dicho general como representante en su día de la oposición a la emancipación de los esclavos. Es decir, se ha respetado la Historia.
Volviendo a la Tertulia Bética los alegatos, repito, totalmente desprovistos de pruebas, de que en dicha Tertulia se conspiro y planeó el levantamiento militar del 18 de Julio de 1936 en Sevilla son una serie de patrañas con las que se pretende denigrar al club que inspiro su formación. Lo cierto es que ambos clubs, Sevilla y Betis se han nutrido con el correr de los tiempos, tanto en sus directivas como en sus respectivas masas sociales de gentes de todas las clases sociales y de todas las profesiones y oficios: obreros y artesanos, aristócratas y burgueses, profesionales y artistas, liberales y conservadores, monárquicos y republicanos y un largo etcétera. Eso de que el Sevilla y no el Betis ha sido el equipo de los obreros me parece una idiotez. Y a todo esto ¿a quien se le ocurrió alinear al lado del Real Betis al proletariado? A mi esta afiliación me parece de lo más absurdo. Por cierto que la primera vez que oí tal afiliación fue en los años cuarenta, ya terminada la segunda guerra mundial, en una emisión de la llamada Radio Republicana Independiente, estación Pirenaica. En realidad esta emisora era una emisora soviética emitiendo sus programas no en los Pirineos sino en la antigua Republica Checoeslovaca, al otro lado del famoso Telón de Acero.
Termino con un consejo a Palangana: por el amor de Dios, no mezclen la política con el fútbol.
Septiembre, 2014
