El primer recuerdo que tengo de cine fue, tendría yo seis o siete años, una noche en un cine de verano en la Alameda de Hércules, en la que habia dos, pero íbamos al que nos cogía mas cerca (vivíamos en la Plaza de la Mata): el Hispano- Villasol. Fui con mi madre. Me estoy refiriendo al año 1930 o 31. Proyectaron una película de horror, “El Misterio del Cuarto Amarillo”,
una película francesa con subtítulos en español. Me acuerdo que gritaba de miedo… Ya de mayorcito mi madre me llevaba a ver las películas de Maurice Chevalier. Esto es una figuración. Yo iba para hacerle compañía. Era ella la que estaba interesada en estas películas de Chevalier, del que yo creo estaba secretamente enamorada. Recuerdo “El Desfile del Amor”, “El Teniente Seductor”, etc. etc… Mi madre me decía: “No le digas a tu padre que hemos estado en el cine…”También recuerdo que mi hermano y yo asistíamos a un cine que estaba en la calle Marqués de Paradas a ver películas de “combois” (cowboys) donde la acción se resolvía en que el “muchacho”, o sea el protagonista, Tom Dix u otros defendía a la “muchacha”, de la que estaba enamorado, contra los forajidos y cuatreros que intentaban robar su ganado. La entrada costaba 25 céntimos de peseta, o sea, un “real”. Cuando la proyección se demoraba la chiquillería gritaba: “Que empiece ya, o venga mi real”.Ya de mozalbete íbamos con los amigos a ver peliculas en los numerosos cines de verano que existían en Sevilla. Los habia de todas clases, los situados en el centro, que anunciaban “selectos servicios de nevería”, o sea, helados, horchatas, etc. y los de los barrios humildes en los que tales servicios se reducían a un búcaro que pasaba de manos en manos después de pagar una “perra chica”, o sea cinco céntimos. Habia cines por todas partes. Entre los más frecuentados habia uno en el Prado de San Sebastián y otro en la calle Laraña, frente a la antigua Universidad y en cuyo solar se edificaría en los años cincuenta el teatro Álvarez Quintero. Hubo uno en la Plaza Nueva llamado Capitol, que fue destruido a cañonazos por las fuerzas sublevadas en el verano sangriento de 1936,
Los cines de invierno de Sevilla, en el centro, eran, antes de la guerra, el Llorens, quizá el más antiguo de Sevilla, con entradas por calle Sierpes y Rioja, el Pathe Cinema, en calle Cuna, el Imperial, en Sierpes, y el suntuoso Coliseo España de monumental arquitectura debida a Aníbal González en la avenida entonces llamad de la Libertad, luego José Antonio y ahora de la Constitución. Había algunos en los diversos barrios, por ejemplo el que antes citaba en la Avenida del Marqués de Paradas, casi en la esquina con Alfonso XII. Después de la guerra se abrieron unos cuantos, entre ellos el Trajano, en la calle del mismo nombre. Este local antes de la guerra era un teatro de variedades, precisamente llamado Variedades. Al estallar la guerra estaba desocupado. El gobierno militar requiso el local y lo convirtió en un anexo a la jefatura de policía. Allí concentraban a centenares de presos políticos. Unos fueron al paredón (las murallas de la Macarena eran unos de los escogidos para esta matanza), otros a la cárcel. Pocos salieron con vida.
Otro local que tuvo el mismo destino fue uno situado en la Plaza de Jáuregui. Al terminar la guerra se convirtió en el cine Rialto. Allí vi por primera vez cine tridimensional. Terminadas las hostilidades se abrieron varios cines en los barrios. Recuerdo el cine san Vicente, donde asistí a un ciclo de cine francés. Recuerdo con delectación una película de relieve; “Un Carnet de Bal”,
con un fondo musical inolvidable: el “Vals Triste” de Sibelius. Mas tarde, ya en los años cincuenta, y en el mismo cine, una que ponía los pelos de punta. Fue “Le Salaire de la Peur” (“El Salario del Miedo”) .Era angustioso ver un camión cargado de explosivos negociando las curvas abocadas a profundos precipicios en Venezuela. Otra buena película francesa fue “La Kermesse Heroica”, que trata de cómo una ciudad de Flandes en el siglo XVI, bajo el dominio español, logra evitar los excesos de la soldadesca de un regimiento que avanzaba sobre la población. Otros cines fueron el Bécquer, en la calle del mismo nombre, el Florida, el Lumbreras (este quizás inaugurado antes de la guerra) y otros en puntos distantes, como el Nervión, en la Gran Plaza.Durante nuestra guerra civil y la postguerra España estaba intimamente ligada a nivel político con las potencias del Eje, es decir, Alemania, Italia, y en menor medida, Japón. Llegaban pocas películas americanas pero muchas italianas y alemanas. Una película italiana memorable fue Escipión el Africano,
que relata la pugna entre romanos y cartagineses culminando en la batalla de Zama. Era impresionante la carga de los elefantes cartagineses contra la caballería romana. Otra que tuvo gran éxito fue ¨Sin Novedad en el Alcazar”sobre la epopeya del asedio de tal fortaleza durante nuestra guerra civil. La única persona en el reparto de nacionalidad española fue la del protagonista del episodio, General Moscardó, interpretado (y muy bien) por Rafal Calvo. El resto era italiano y francés. En cuanto a las películas alemanas recuerdo con gusto las musicales con la bella Marika Rök y las comedias de Heinz Ruhmann. Una gran película, también alemana, fue “ el Correo del Zar¨, con Adolf Wolbrück en una película inglesa, llamada “Luz de Gas”, con el nombre convertido en Anton y el apellido britanizado en Walbrook. La explicación de este enigma es que el Walbrook era judío. Cuando los Nazis empezaron la persecución de la gente de estirpe escapó primero a Hollywood, y luego a Inglaterra, en 1938 donde continuo haciendo cine bajo el nombre de Antón (no podía seguir llamándose como su peor enemigo) Walbrook. Hubo una segunda versión de “Luz de Gas” con Charles Boyer e Ingrid Bergman. En Morón de la Frontera, donde pase un verano en 1937, vi la famosa película King Kong.
La reacción de los catetos en el gallinero ya la he explicado en mis memorias de la guerra en este blog. También veraneando en Sanlúcar de Barrameda vi en un cine de verano numerosas películas alemanas y francesas.
En cuanto a películas españolas, antes de la guerra tuvieron un éxito sensacional Imperio Argentina y Miguel Ligero (quien llego a ser amigo de mi padre) con ¨Nobleza Baturra¨ y ¨Morena Clara¨. Durante la guerra no se produjeron películas excepto documentales, (en ambas zonas) de los que recuerdo ¨España Heroica¨. Las producciones empezaron a partir de 1940. Una película propagandista fue Raza, de la que se supo, algún tiempo después de su exhibición que el autor del guion habia sido nada menos que el Caudillo, General Franco. Algunas películas se rodaron en Berlín, en los estudios UFA. Algunas fueron españoladas de guitarra y flamenco y otras basadas en obras literarias (La Gitanilla). Ya una vez los estudios españoles en condiciones de rodaje se produjeron una serie de películas de asuntos militares y propagandísticos: Frente de Madrid, Escuadrilla, A mí la Legión, etc. En general mediocres. Más adelante mejoro la calidad. Recuerdo entre ellas Doña Juana la Loca, con una buena actriz, Aurora Bautista.
El cine extranjero se ha proyectado en España doblado al español desde los tiempos de la Republica (1931-1939) Esto del doblaje no acabo de entenderlo. Hubo una época en que pensaba que proyectar una película en el idioma extranjero con subtítulos era la ruina para los empresarios dado el alto porcentaje de analfabetismo reinando entonces. Pero resulta, como he descubierto no hace mucho tiempo, que el doblaje se impuso desde el principio en países cultos como Francia y Alemania. Sea por el motivo que fuese el doblaje para mi es inaceptable. Los subtítulos permiten que el espectador conozca las voces auténticas del reparto de actores y actrices. Es ridículo oír las mismas voces una y otra vez, película tras películas. Lo ideal sería contar con un auditorio poliglota que tuviera la oportunidad de escuchar las auténticas voces de los protagonistas. En otro caso, los subtítulos.
Esto lo pude apreciar cuando traslade mi residencia a los EE. UU. y vi cine en versión original. Es imposible traducir juegos de palabras y matices en la pronunciación. Esto se vio en el doblaje de “My Fair Lady”,
donde el acento barriobajero de la protagonista, Audrey Hepburn, denota no solo falta de instrucción sino el eterno desnivel de clases en Inglaterra, que aún existe. “The rain in Spain stays mainly on the plain” no es lo mismo que “La lluvia en Sevilla es una maravilla” porque no es lo mismo las diferencias en pronunciación motivadas por regionalismos (andaluz y castellano) que las diferencias motivadas por la desigualdad en las clases sociales.
A mí siempre me ha gustado el cine muchísimo. Me cuesta trabajo creer que haya gentes a quienes nos le guste el cine. Y sin embargo las ha habido y las hay. Un ejemplo fue mi padre. Jamás iba al cine excepto cuando empujado por la familia. Pero a los diez minutos de proyección se echaba a dormir. Conocido (al menos en este país) es la famosa anécdota del Presidente de los EE.UU. Lyndon B. Johnson a quien lo único que le interesaba era la política, con exclusión de cualquier otra cosa, incluido el cine. Un día le pregunto a uno de sus ayudantes: ¿Quién demonio es Marilyn Monroe?
A mí, siendo soltero y viviendo en Sevilla me gustaba ir al cine solo, para evitar distracciones, comentarios, etc. Recuerdo así películas imborrables tales como “Rebecca”
con Joan Fontain y Lawrence Olivier que la vi después de haber leído la novela en su traducción española (entonces aun no sabía inglés) y “Si no Amaneciera”
Un lugar habilitado para cine en el verano, cuando las compañías de teatro y otros espectáculos no actuaban era el Teatro San Fernando, en la calle Tetuán, que ya no existe. Para combatir el calor la dirección había mandado colocar en los palcos grandes barras de hielo que se mantenían congeladas gracias a unos enormes ventiladores eléctricos que proyectaban su frescor hacia el auditorio. Allí vi en el verano de 1940 un noticiero de la Fox Movietone con la entrada del ejército alemán en Paris.
Creo que fue en 1940 o 41 cuando se inauguró el Palacio Central, con entradas por O’Donnell y Pedro Caravaca, de nueva fábrica y sobre los cimientos del famoso Kursaal, un teatro de variedades. El Palacio Central era una maravilla. Fue el primer cine refrigerado en Sevilla. Al entrar, y antes de que comenzaran las proyecciones el entorno estaba deliciosamente aromatizado con ozono. Todo era de primera clase: las butacas, el alfombrado, y como, no, las películas pues el Palacio Central acaparaba las mejores. Por aquellas fechas, los años cuarenta y cincuenta, el cine de las siete de la tarde en domingo, la sesión “vermut” era un acontecimiento social. Todo el mundo se vestía elegantemente, incluso si se asistía a las localidades más económicas. Creo que fue en 1942 cuando recibí una invitación para ver en sesión privada la famosa película Lo que el Viento se Llevó.
Esto requiere una explicación. Al estallar la segunda guerra mundial a mí me gustaba sintonizar las emisoras extranjeras de las potencias envueltas en el conflicto. Así escuchaba las retransmisiones en español de la BBC británica y las de las emisoras gubernamentales de Italia y Alemania. Además, a petición mía recibía de tales países y también de los Estados Unidos, cuando este país entro en guerra (1941) y a efectos propagandistas, revistas y publicaciones con las que tales países intentaban ganarse el apoyo o simpatía de ciudadanos como los españoles, habitantes de un país que, al menos oficialmente, era neutral. Así es como recibí tal invitación con la que USA pretendía demonstrar el alto nivel de su industria cinematográfica. La película no estaba doblada, venía con subtítulos y aunque larga (cuando se proyectó para el público en general algún chusco la llamo Lo que el Culo se Cansó) era magnifica. A la salida un grupo de mozalbetes falangistas, advertidos, nos dispersó a pedradas. Los Estados Unidos eran los enemigos de Alemania y Alemania era la “amiga” de España.En la postguerra española con la entronización del nacional catolicismo la censura pronto se hizo ver en todos los campos de la creación: las artes, la prensa, la literatura y ¿cómo no?, en el cine. La censura fue burda y mezquina. Los grandes carteles que reproducían fotogramas de la película en proyección o pronto a proyectarse en la fachada de los cines eran manipulados para engañar al público. Pero los intentos para imponer una moral en la gente a menudo resultaban en chapuzas que no cumplían con su cometido. Faldas cortas eran grotescamente alargadas pero la simulación era tan torpe que las auténticas líneas en las tales faldas eran perfectamente visibles. A veces se tergiversaba el argumento. Esto lo pude comprobar ya en los Estados Unidos viendo “Mogambo”,
con Clark Gable, Ava Gardner y Grace Kelly. En la versión doblada que vi en Espana anteriormente una de las mujeres era la esposa de Gable y la otra su hermana. En la original versión americana la “hermana” era la querida.
Una vez en los Estados Unidos mi afición al cine continuo tan fuerte como en España, disfrutando de las versiones originales y de las auténticas voces de los actores y actrices. En mis frecuentes visitas a España como es natural no veía las películas americanas pero tenía ansiedad por ver las españolas que en los primeros años de mi residencia aquí apenas llegaban. Con el aumento de calidad de la producción española con las obras, mayormente de Carlos Saura y Pedro Almodóvar pude gozar de las mismas en Estados Unidos en sus voces originales pues como con todas las películas extranjeras no venían dobladas. Aquí tales películas tuvieron gran aceptación, sobre todo las de Almodóvar.
En 1953 pase un verano en Inglaterra. Iba al cine y me llamo la atención el hecho de que se permitiera fumar, lo que estaba prohibido en España. Más aún me llamo la atención el ver que a la terminación de la película proyectaban la imagen de la Reina Isabel y que el público se levantaba y oía respetuosamente en pie el himno nacional, “God save the Queen”. Lo mismo pude presenciar, excepto la proyección en pantalla, a la terminación de obras teatrales. En sucesivos viajes a la Gran Bretaña he podido comprobar que ambas prácticas han caído en desuso.
En los Estados Unidos, al principio de mi residencia también observe que se permitía fumar. Pero no había himno ni proyeccion en la pantalla del presidente al final de la película y el fumar fue prohibido a los pocos años de mi llegada. Pero también noté algo que continua sin fallar en ningún caso. La mayoría de los espectadores compraban antes de entrar en la sala de proyecciones unos enormes cartuchos de palomitas de maíz. En los años ochenta en uno de mis viajes a España viajamos mi mujer y yo a León donde nos alojamos en el incomparable Hostal San Marcos. El mismo día que llegamos hojeando la prensa local notamos que se proyectaba una película española que no habíamos visto. Fuimos al cine en cuestión y cual no sería mi sorpresa cuando vi a una pareja que penetraba en la sala con sendos cartuchos de las palomitas de marras. Comprobé, como ya venía notando hasta qué punto ha llegado España a convertirse en una sierva cultural de los Estados Unidos. Y esto en León……













