ASI SE ESCRIBE LA HISTORIA

En las contiendas militares, entre países o facciones, lo corriente es que al final de las mismas haya vencedores y vencidos. Pero no siempre ocurre así. La primera guerra mundial (la “Gran Guerra”, como se le llamaba hasta que estalló el conflicto de 1 de Septiembre de 1939) terminó con un armisticio pedido por los alemanes, no con una derrota militar. El tratado de paz de Versalles de 1919, sin embargo consideró a Alemania como vencida y fue redactado en términos tales como para dar lugar a que un endemoniado Hitler, clamando venganza, impulsara una segunda guerra mundial que destrozó a países por generaciones y causó millones de muertes.

Pero la Gran Guerra no fue una guerra de ideologías. Las causas de la guerra se concentraban en la pugna entre Alemania y la Gran Bretaña por la hegemonía mundial. Por eso a la terminación de la misma cada país de entre los que participaron en la misma fue libre de analizar sus errores y aciertos y la historia de la guerra, sus prolegómenos y sus consecuencias se compuso con cierto grado de imparcialidad. Plumas autorizadas de ambas potencias contendientes gozaron, a la terminación de las hostilidades, de absoluta libertad para fijar e incluso aprobar el punto de vista del país que anteriormente constituyera “el enemigo”. En literatura fueron “betsellers” las novelas “Al Quiet in the Western Front” (Sin novedad en el frente Occidental) del alemán Erich María Remarque, obra prohibida bajo el nazismo y “Goodby To All That”, (Adiós a Todo Eso) del inglés Robert Graves. Ambas representan una desesperada protesta contra la carnicería y la inutilidad de la guerra.

La guerra de secesión en los Estados Unidos fue causa de una mortandad como no se habia visto en ninguna época del pasado. Por primera vez en la historia se utilizaron fusiles que permitían impactar objetivos a larga distancia. Fue una guerra ideológica (el tema de la esclavitud) mezclada con hostilidades de tipo económico. Pero fue una guerra desprovista de odio cainita entre hermanos tanto antes como después de la guerra. Vencidos los estados del sur no hubo persecución ni contra militares ni contra civiles por parte del triunfante norte, aunque sí se sucedieron algunas sanciones de tipo económico. Irónicamente la única víctima apenas terminada la guerra fue el victorioso presidente Lincoln, asesinado por un vengativo sudista. Pero a la terminación de la guerra el bando vencedor no prohibió los símbolos que representaban a la Confederación del Sur, los once estados que intentaron su secesión. No se arrancaron estatuas, escudos, monumentos y toda la parafernalia simbólica del vencido. Más aún: en los ciento cincuenta años desde la terminacion de tal guerra (1865), centenares de estatuas y recuerdos fueron erigidos por todo el país como homenaje a caudillos de la confederación sin que el estado federal, gobernado por la constitución que los estados del sur intentaron modificar de por fuerza, moviera un dedo para prohibirlos. Es sólo hace unos meses que la bandera de combate sudista ha sido retirada de algunos centros públicos a raíz de una matanza causada por un psicópata que enarbolaba dicha bandera.

No ocurrió lo mismo con la segunda guerra mundial. Ésta sí que fue una guerra de ideologías. Francia e Inglaterra, luego los Estados Unidos, (y, paradójicamente, la Unión Soviética) no podían permitir que la agresión nazi-japonesa perturbara una visión democrática de la humanidad. La razón estuvo de parte de los aliados aunque al final cometieron una torpeza. Los triunfantes aliados culparon a los causantes del genocidio judío amañando una legislación que no existía al tiempo de que tal genocidio tuviera lugar, condenando a los mismos con efecto retroactivo así contraviniendo conceptos elementales del derecho penal.(“Nulla pena sine lege”). La historia de esta segunda guerra fue escrita por los que, justamente, la ganaron, si bien, como queda dicho, empañando su triunfo con una artimaña legalista a la que se recurrió para castigar a los culpables de tan tremenda matanza. Tan seguros se creían los vencedores de esta contienda que no permitieron voces disidentes que pusieran en duda no la realidad de tales matanzas de los nazis en sus campos de exterminio sino el número de los asesinados. Se creó paralelamente una legislación en varios paises que calificaría tales disensos no solo políticamente incorrectos, sino delictivos, lo que llevó a la persecución y penas carcelarias de algunos que insistían, en su derecho de libre expresión, en opiniones que contradecían la versión oficial de tales exterminios.

Por eso se suele decir que la historia la escriben los vencedores.

Nuestra guerra civil (1936-39) fue de un cainismo sin igual. El odio mutuo entre las dos Españas comenzó antes de la guerra, durante la segunda república. La desaparición del órden público, con una secuela de asesinatos, huelgas y desmanes por doquier constituyó un prolegómeno del recrudecimiento que abocó en una guerra sin cuartel. Los asesinatos en la retaguardia de ambos bandos llegaron a ser rutina, atribuidos unas veces a bandas incontroladas otras a ejecuciones ordenadas por las autoridades. Una vez terminada la guerra con la victoria de los nacionales, el gobierno de Franco ordenó una cruel represión en la que fueron ejecutados miles de personas. Con el transcurso de los años las aguas volvieron a su cauce y aunque la represión bajó en intensidad continuaron la censura, la supresión de partidos políticos, en fin todas las etiquetas de un régimen dictatorial bajo el aparato pro forma de un simulacro de Cortes y unos “procuradores” disfrazados de diputados.

A todo eso puso fin el advenimiento de la democracia y la monarquía. Lo primero que se hizo fue cambiar los nombres de calles y plazas, una constante histórica en España con nuestra manía de bautizar tales calles y plazas con los nombre de los políticos de turno. Pronto se legislaron ayudas a los excombatientes de la república; se reconocieron pensiones a los mismos (la dictadura los tuvo totalmente desamparados) y hasta hubo un decreto que a mí me parece ridículo cual fue el conceder la nacionalidad española a los ex miembros de las Brigadas Internacionales. Aparte de estas medidas algunas justas, otras de dudoso valor tales como este concerniente a los brigadistas, durante los veinte años siguientes a la transición los gobiernos que se sucedieron acordaron enterrar los antiguos odios y sed de venganza hasta que llegó el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero con su ley de Memoria Histórica de 2007. El objeto de esta legislación fue primordialmente ayudar a los familiares de la víctimas de la persecución franquista a localizar y desenterrar los cadáveres de tales víctimas, lo cual fue encomiable y justo. Los cadáveres de las víctimas de la persecución republicana fueron en su dia localizados y desenterrados y dado toda clase de reconocimiento y honores. Fue justo pues, que, vueltas las tornas, se hiciera lo mismo con las víctimas republicanas.

Pero la ley mandaba eliminar todo lo que oliese al régimen anterior. Asi pues se arrancaron estatuas, monumentos (aunque todavía no le han tocado al del Valle de los Caídos, por ser uno de carácter religioso) efigies, escudos (llamados “pre-constitucionales”) aunque muchos consistían simplemente en el águila de San Juan y el escudo de España de toda la vida, cuyo yugos y flechas del tiempo de los Reyes Católicos llegaron a ser considerados, tal es la ignorancia que priva hoy en España, como “fascistas”. Todo esto en contra de la tradición porque no creo que históricamente se haya observado tal erradicación de símbolos de un régimen al ser sustituido por otro. Por ejemplo, dudo que al haber sido reemplazada la Casa de Austria por la de los Borbones este régimen sustituyera los símbolos del anterior aunque ambas dinastías lucharon entre sí en la Guerra de Sucesión. Y remontándonos unos siglos más no se le ocurrió, al rey San Fernando, (Fernando III de Castilla y León) conquistador de Córdoba (1236) y de Sevilla (1248) destruir la grandiosa mezquita en la primera y el minarete que luego sería la Giralda en la segunda, aunque ambos eran monumentos de carácter eminentemente religioso y representativos de la fe musulmana que los caudillos cristianos y el propio rey Fernando (excepto en períodos de “convivencia”) habían combatido ferozmente durante siglos. Tuvo el rey y sus seguidores suficiente sentido común para comprender que tales monumentos eran historia. Que fue precisamente el comentario de Felipe González, primer ministro en la primera etapa socialista al ser preguntado por su opinión sobre la retirada de estatuas del generalísimo Franco.

Porque la Memoria Histórica (Memoria Histérica la llaman algunos) lo que está haciendo es, cuando no borrar, falsificar la historia. ¿Cómo se atreve la izquierda a reputar como modelo de democracia a la segunda república española (1931-39)? Para los que la vivimos, aquello era de todo menos democracia. Tan inseguro se consideraba el gobierno Azaña sobre su legitimidad que tuvo que sacarse de la manga una Ley Para la Defensa de la Republica. ¿Necesitan (o necesitaron) democracias tales como las de la Gran Bretaña, o los Estados Unidos legislación del tal tipo para sentirse fuerte? Al amparo de esta Ley de Defensa de la República se implantó un régimen de censura que dia tras dia nos traía a los periódicos con páginas enteras en blanco cuando no eran suspendidos. ¿Cabe la censura en una auténtica democracia?

Los incendios de iglesias y cosechas, la revolución de Asturias que ocasionó 2.000 muertos y la destrucción de la Universidad de Oviedo, entre otros desmanes, la proclamación de la República independiente de Cataluña, miles de huelgas, asesinatos de políticos, empresarios y policías, algunos en plena calle, saqueos…etc. ¿es esta la Republica que sirve de modelo democrático a la izquierda española de nuestros días?

Otro desatino es el afán de presentar a una España ensombrecida en su vida cotidiana durante el régimen de Franco pintándola una veces como sometida a un régimen de terror, otras como a un país hambriento y aun otras como un desierto cultural.

Lo cierto es que terminada la guerra España no fue un estado policía, ni hubo hambre (excepto en el año 40) ni, a pesar de una deplorable censura, fue España un desierto cultural. Muy al contrario florecieron la literatura, las ciencias y las artes en todas sus manifestaciones.

Otra manía es la de falsear la situación de la mujer en la España de Franco describiéndola, si casada, como una esclava de su marido que necesitaba su venia para abrir una cuenta de banco o para vender sus propios bienes. En su ignorancia desconocen que tal era la legislación vigente en muchos paises en aquella época, incluida esta Texas donde vivo.

Pero ya he expuesto en otras ocasiones en este blog, que la historia la están escribiendo en este caso no los vencedores sino los vencidos. Esta negación o falseamiento de la historia ha pasado y está pasando a los libros de texto escolares y por eso tenemos una juventud a la que se ha venido y se viene engañando vilmente y sin remedio y cree a pies juntilla lo que se le viene enseñando en cátedras y escuelas.

Yo, y otros de mi edad y aún mayores, vivimos esa época que ahora se viene tergiversando y proclamamos que esa España en la que crecimos no es la España que se quiere presentar por ignorantes o desalmados. Desafortunadamente (o quizá afortunadamente) no somos inmortales. La historia oral de ese periodo de la pre y post guerra está a punto de extinguirse. Bajo la amenaza de las consecuencias de insistir en una versión histórica “políticamente incorrecta”, pocos son los espíritus libres que se atreven a predicar la verdad. Los que estamos en posesión de la misa pasaremos a otra vida y no quedara más que la versión “oficial” de esa historia plagada de mentiras que se está escribiendo por los que no pueden, por ignorancia, o no quieren, por mala fe, ceñirse a la verdad.

3 thoughts on “ASI SE ESCRIBE LA HISTORIA

  1. Angels Berengueres's avatarAngels Berengueres

    Una amiga me ha recomendado tu blog. Me ha interesado el que escribes sobre historia. Algunas cosas las comparto y otras pues no. Desde mi experiencia vital. Nací en el 47. Viví la durísima posguerra. Mi familia sufrió lo indecible (como tantas otras), por culpa de una guerra cruel, injusta e innecesaria. Y aún no ha habido un reconciliación. Ni abuelo desapareció en 1939. Por eso creamos http://www.enrecuerdode.com. Para recordar a todas las víctimas de la guerra. 80 años después ya no toca hablar de bandos. Como me dijo un abuelo: todos eran hijos de madre. Pero ciertamente hasta que no desenterremos a todos los de las cunetas y fosas habrá que pensar que hay dos categorías.

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  2. dr xray's avatardr xray

    Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que existe otra historia, la verdadera
    LA VERDAD es lo que se dice o es lo que se deja de decir.

    La historia será generosa conmigo, puesto que tengo la intención de escribirla. (1953 Churchill)
    El adalid de los liberales, ante la hambruna en la India en la que Winston Churchill fue cómplice.
    “Si la comida esta escasa, porque no se ha muerto Gandhi de hambre”?
    Ninguna ayuda va a salvaros. Los indios se reproducen como conejos y desperdician cualquier alimento. Winston Churchill, sobre la hambruna bengalí en India de 1943.

    ¿La Historia la escriben los vencedores? No. La Historia la escriben los historiadores (a veces los periodistas, los ideólogos, los propagandistas, etc.) y hacen aparecer como vencedores a quienes sus clientes deseen. Usarla indiscriminadamente es un abuso o es una excusa para los crímenes que se cometen.
    La Historia no existe. Existe el discurso histórico. Éste, se crea desde el presente. Es un producto intelectual, es decir, una mercancía no tangible, que se crea como cualquier otro producto para ser consumido en un mercado.
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