
Prisionero de don Juan incluye muchos personajes. Algunos se mencionan de pasada. Otros son personajes de relevancia tal como para dar cuerpo a la narración. Algunos (pocos) son ficticios, otros reales con nombre supuesto y otros reales con su propio nombre. Hay una cosa comun en estos personajes reales: todos, excepto uno, han pasado a mejor vida.
Prisionero de don Juan tiene un mercado de ventas limitado. Pocos son hoy dia los interesados en temas que directa o indirectamente se relacionen con nuestra guerra civil. Consciente de ello habrá lectores que mas o menos interesados en el tema encontrarán que muchos personajes les son totalmente desconocidos. Es por ello que se me ha ocurrido ayudar al lector presentando una serie de minibosquejos de algunas de estos personajes conforme vienen apareciendo en la novela. He hecho caso omiso de algunos, empezando por aquellos cuyas fotos aparecen en la portada del libro. Uno de ellos es el general Franco, por suficientemente conocido. El otro es su contendiente, Juan Negrin, porque los rasgos generales de su vida con anterioridad al comienzo de la guerra aparecen en la novela al tiempo que el protagonista entra en contacto con él. La tercera foto es, por supuesto, del que suscribe, circa 1959. Tampocp he seleccionado otros porque ya han sido tratados en este blog, caso del importante político Indalecio Prieto, y el del famoso poeta sevillano Luis Cernuda.
Tambien omito de la lista algunos que, aunque de alguna y hasta mucha importancia en la época. carecen de relevancia en la novela; otros, que tienen relevancia en la novela, porque estan suficientemente descritos, caso de Montes (nunca llegué a conocer su nombre de pila) el taxista del Hudson; otros por ser no solo bien conocidos, como el poeta Rafael Alberti, sino hasta superfamosos, como el Premio Nobel Ernest Hemingway.
Y, como en un popular programa de Television Española, comenzamos!

MARUJA TOMÁS. El curioso lector puede consultar su biografía en el internet. Era una vedette de gran categoria. Al incorporar a esta artista a mi novela, cometí, a sabiendas, uno de las varios errores cronológicos que, también a sabiendas, aparecen en la misma. Al tiempo de Pepe Fenoy , el héroe de mi novela, disfrutar de su presencia en la pista del Excelsior, en Sevilla, en1937, Maruja Tomás actuaba también, en tiempo real, con gran éxito pero….en la zona roja o republicana. Ello le costó, a la terminación de la guerra, años de persecución y cautiverio en las cárceles franquistas. Una vez “purgada”, volvió al espectáculo y reaunudó su exitosa carrera. A mi se me ocurrió traerla a la novela, cuando ya, en los años treinta era famosa, a cuenta del relato que me hizo un testigo presencial de una actuación suya en el Kursaal, el famoso cabaret sevillano de tiempos de la república.La Tomás salia semi desnuda con un plátano que lentamente y mientras cantaba despojaba de su piel y acariciaba con su boca. Al terminar la canción arrojaba la piel al auditorio. Me contaban que el público se mataba por apoderarse de la misma.
CARMEN POLO DE FRANCO.

Carmen Polo era una señorita de la alta burguesia de Oviedo, de padres muy ricos. Conoció a Francisco Franco cuando ambos eran muy jóvenes. Se enamorararon y se hicieron novios contra la fuerte oposición de los padres que creían que el novio, un militar ya famoso, pero sin un duro, era poca cosa para su Carmen, que no tenía futuro.
Al estar la guerra y tomar Franco el liderazgo de los sublevados se convirtió, de la noche a la mañana en la primera dama de la zona rebelde y, eventualmente, de la nación, y asi continuó por treinta y nueve largos años. Durante todo este tiempo, doña Carmen Collares (asi le llamaban por su desmedida afición a este tipo de joya) , se mantuvo en un discreto segundo plano lo que la hizo, prácticamente, una desconocida. Y se me ocurre ahora mismo algo curioso. Doña Carmen nació en Oviedo. ¿Y quien, alguien importante, nació también en Oviedo? Pues nadie menos que Letizia, Reina de España. Rara coincidencia.
KIM PHILBY
Kim Philby es, en verdad un personaje fascinante. Ya en el texto de Prisionero de don Juan lo presento, como lo fue realmente, como un periodista del TIMES de Londres trabajando (como se hace notar en la novela) no en la zona republicana, que era lo usual con periodistas anglosajones sino en la de Franco, quien incluso llegó a condecorarlo. Lo que no se dice en la novela, sino mas tarde y en términos de conjeturas que Pepe Fenoy no llega a creerlas, es que durante todo el tiempo que permaneció en España, fue un espía al servicio de la Union Soviética.

KIm Philby
Todo empezó en 1934 después de graduarse por la universidad de Cambridge (Inglaterra) donde se especializó en Economía. Alli ya empezó a coquetear con el comunismo. Un profesor de tal universidad le sugirió que viajara a Viena para ayudar a una organización que asistía a los refugiados del nazismo en Austria, aun libre e independiente. Alli, en Austria. fue donde un agente soviético lo reclutó para los servicios de inteligencia de la U.R.S.S.(Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). Como este agente soviético le pidiera nombres de graduados de Cambridge como posibles reclutas Philby le sugirió a sus compañeros de curso Guy Burgess y Donald Maclean, ambos a la sazón miembros de la carrera diplomática. Ambos, efectivamente, aceptaron la oferta y se dedicaron al espionaje y ambos, al ser descubierto ,se refugiaron en la Union Soviética, donde fueron bien recibidos y donde murieron.
En 1940 Philby, el agente al servicio de la Union Soviética, ingresó en la carrera diplomática y en los servicios de inteligencia (M16) del Reino Unido. En 1949 fue trasladado a Washington D.C. donde sirvió como primer secretario de la embajada británica, una tapadera para su real ocupación en inteligencia. En 1951, a raiz de la fuga de Burgess y Maclean hacia la URSS, Philby, su amigo y colega. levantó sospechas lo que le obligó a renunciar a su cargo con el M16. Fueron años duros para Kilby, quien malvivió de un periodismo barato. Las sospechas continuaron hasta el punto que en 1955 la Cámara de los Comunes exigió una investigación. No se encontró nada contra él y en el mismo año, Antohony Eden, primer ministro del Reino Unido a la sazón, lo exoneró totalmente.
Vuelto a la normalidad Kilby encontro un empleo lucrativo como corresponsal del influyente y prestigioso semanario londinense The Observer, en Beirut, Libano. Alli volvió a conectar con la Unión Soviética y continuó con sus servicios de espionaje y su afición al alcohol, que llegó a dominarle. Todo terminó en 1963, cuando fué descubierto y, evadiendo a sus perseguidores huyó hacia la URRS donde como en e caso de sus compañeros Burgess y Maclean, no solo fue bien recibido sino colmado de honores, condecoraciones, prestigio (Héroe de la Unión Soviética) y un alto nivel de vida hasta el punto de que a su muerte, acaecida en 1988, fue honrado con su efigie en un sello de correos.

¿Cómo se explica que personas de la alta burguesia, universitarios de elite, de familias conservadoras, lo abandonen todo para arrojarse a los brazos del comunismo? ¿Qué les impele a ello? Porque tradicionalmente el comunismo se ha nutrido de la clase trabajadora como la letra de su himno, La Internacional , demuestra claramente. Una cosa que ha que descartar, en el caso de estos tres británicos, es el dinero, que sí que ha atraido a algunos en el curso de la guerra fria. en ambos lados de la ideologia. Hay un Museo del Espionaje (The Spy Museum) en Washington DC que ilustra la historia de personajes que espiaron por dinero a favor y en contra de los paises anglosajones y la Unión Soviética
Al parecer, Philby y sus colegas Burgess y Maclean estaban convencidos de que el comunismo ofrecía a las masas una forma de gobierno superior a la democracia capitalista. En particular Philpy odiaba el imperialismo de la Gran Bretaña. Burgess murio en 1963, Maclean diez años mas tarde , ambos en Rusia,y Philby, como queda dicho, en 1988, y en olor de santidad. La Historia terminó quitándoles la razón. La caida del muro de Berlin en 1989 precipitó la desintegración de la Unión Soviética y la desaparición del comunismo como tal, que sobrevive, bastante descaifenado, en Cuba, en China, en Corea del Norte y en Nicaragua.
Otros espiaron por diferentes razones, además de por dinero, como quieda dicho. El matrimonio Rosenberg (Julius y Ethel), ambos físicos y ciudadadanos norteamericanos, y Klaus Fuchs, también físico y ciudadano británico, trabajaban en los Estados Unidos y Reino Unidos, respectivamente, en el perfeccionamento de la bomba atómica, que Estados Unidos había lanzado sobre Japón ( precipitando el fin de la guerra mundial) en 1945. Los Rosenberg y Fuchs, los tres miembros del partido comunista, pasaron a la Union Sovietica la necesaria documentacion que los soviéticos utilizaron provechosamente. Estos tres espías, comunistas convencidos, no podían tolerar que los Estados Unidos ostentaran el monopolio de la bomba atómica. Creían que tal monopolio era una amenaza para la paz mundial. Gracias a su colaboración los soviéticos consiguieron su bomba en 1949. Los tres fueron descubiertos. Los Rosenberg fueron procesados, condenados a muerte y ejecutados. Fuchs fue condenado a 14 años de presidio. Al cumplir la condena se exilió a la Alemania Oriental, a la sazón una dictadura comunista, donde murió en 1988.
Volviendo a Philby, he de añadir que la aparición del espía británico en el cabaret Excelsior podría no ser ficción. Como creo haber dicho (o escrito) en alguna parte el Excelsior existió en realidad, ubicado, como se indica en mi novela, en el pabellón de Castilla y León de la extinta Exposición Iberoamericana de 1929. Como lo fué real, que no ficción. que mi padre y su socio (en la novela Gaeta) fueron propietarios del cabaret.
Ahora bien, no es disparatado, ni mucho menos asumir que Philby (como también su interlocutor en la novela, el aviador alemán Galland) fueran clientes del Excelsior. Sevilla aunque no oficialmente, era la capital de la zona franquista. Sevilla, la cuarta ciudad de España, hoy y entonces, era nido de corrresponsales /espías extranjeros. No es dificil asumir que estos hombres acudieran al unico cabaret decente en la capital. !Ni que algunas de la libras y marcos alemanes que conté aquella noche procedieran de las billeteras de Philpy y Galland!
Herbert Matthews

Nacido en 1900, Herbert Matthews era alto, elegante, de aspecto distinguido. Licenciado en filologia inglesa por la universidad de Columbia, Nueva Yok. De rica ascendencia judía, muy joven entró de redactor en el New York Times donde pronto hizo carrera. En 1936 ganó el prestigioso puesto de jefe de la oficina de su periódico en Paris, desde donde cubrió la guerra de Abisinia (asi se llamaba entonces Etiopía) , trasladándo su interés a España al iniciarse la guerra civil. Pasó largas temporadas en nuestro país y reportó los mas importantes eventos del conflicto. Se hizo un gran amigo de Ernest Hemingway. Como éste y la mayoría de los corresponsales extranjeros que cubrían la guerra de España, Matthews estaba convencido que la insurrección franquista no fue otra cosa que un asalto brutal a la democracia que había traido la República (1931).
En nuestra novela aparece en una fiesta en el mítico Hotel Florida (hoy desaparecido) donde vivían él, Hemingway, y otros corresponsales extranjeros. Alli, el protagonista de Prisionero de don Juan, Pepe Fenoy, escucha, indignado, como el periodista neoyorkino pone muy en duda, incluso se chancea, de la epopeya del Alcázar de Toledo.
¿Qué fue eso de la ”epopeya del Alcázar de Toledo”? Al estallar la guerra civil (Julio, 1936) Toledo cayó en el lado republicano. Las milicias republicanas, mayormente obreros de los sindicatos de izquierda, se apoderaron rápidamente de la ciudad y forzaron a su guarnición a replegarse y buscar refugio en el Alcázar. Esta imponente edificación era una fortaleza del siglo XVI, a la sazón sede de la Academia de Infantería, y situada en un montículo en las afueras de Toledo. Hoy es el Museo del Ejército. La jefatura del Alcázar la ostentaba el coronel de infantería José Moscardó Ituarte. Al replegarse hacia el Alcázar Moscardó atrajo consigo, ademas de unos rehenes, destacados hombres de izquierda de Toledo, varios centenares de miembros de la Guardia Civil, con sus familias, y unos pocos cadetes de la academia pues la mayoría del alumnado disfrutaba de las vacaciones de verano. Moscardó se dispuso a defender el Alcázar para lo cual disponía de abundante munición pero escasas vituallas. El asedio del Alcazar, que no se rindió, duró hasta fines de septiembre de 1936 y sus muchos episodios, reflejando todas las facetas de la condición humana, desde proezas de valor y sacrificio hasta abjecta cobardía y vileza, levantaron el entusiasmo de millones de seguidores del asedio no solo en las dos Españas sino en el mundo entero. El mas famoso fué la conversacion telefónica que tuvo lugar entre el coronel Moscardó y su hijo Luis, rehén de los republicanos. Un de los jefes de milicias llamó al Alcázar (fué sólo en los ultimos dias del asedio cuando las comunicaciones telefónicas fueron interrumpidas) y preguntó por el coronel. Fue así como se desarrolló el diálogo: – Coronel tiene usted diez minutos para entregar el Alcázar. De lo contrario fusilaremos a su hijo. Y para vea usted que no le miento aqui tiene usted a su hijo.
Papa…
Hola hijo. Cómo estás?
Dicen que si no te rindes me fusilarán.
Pues, si es cierto, enconmienda tu alma a Dios, grita Viva España y muere como un héroe.
El jefe de los milicianos recuperó el auricular-Le quedan siete minutos.
–Se los regalo, contestó el coronel.
Moscardó colgó el auricular. Eso fue todo. Los republicanos cumplieron su amenaza y Luis fue ejecutado.
Lo que cautivó la mente de los españoles fue que esto había sucedido, casi exactamente, varios siglos antes (siglo XIII) y era bien conocido como uno de los episodios más famosos de la reconquista. Todos los españoles, habían aprendido en la escuela la epopeya de Alonso Pérez de Guzmán, un caudillo cristiano, quien en nombre de su rey, Sancho IV de Castilla defendía la plaza de Tarifa (Cadiz) contra los moros. Como en la epopeya del Alcázar, Pérez de Guzmán prefirió que mataran a su hijo antes que rendir la plaza. Pasó a la historia como Alonso Pérez de Guzmán el bueno.Como si lo anteriormente contado fuera poco, el apellido materno de Luis Moscardó era Guzman.
Para Pepe Fenoy, como para millones de españoles en ambas zonas de la contienda, incluido el que suscribe, la historia del Alcazar, especificamente la gesta del coronel Moscardó, era mas que verídica.
En 1957 Herbert Matthews publicó The yoke and the arrows,(El yugo y las flechas), que leí con asombro, y donde niega rotundamente el sacrificio del coronel Moscardó. Inmediatamente se vió abrumado por miles de cartas y telegramas que le llegaron de todo el mundo protestando contra su ceguera. No solo cartas y telegramas. Recibió tambien fundados estudios plagados de pruebas procedentes de fuentes verídicas que demostraban claramente su error. En 1961 Matthews publicó una segunda edición de su libro en la que se retractó de sus errores y reconoció que estaba equivocado. Es mas, escribió una carta a la viuda del por entonces General Moscardó (que publicó el periódico ABC de Madrid) en la que solicitaba su perdón.
Es este detalle de honradez profesional, de humillarse ante la evidencia, lo que me impulsó a includir la figura de Herbert Matthews en la anatomía de mi novela.
Nota curiosa

El general Moscardó y Eugenio Cazorla en Ronda (Málaga) en 1946
En España el servicio militar (la mili) fue obligatorio desde el el siglo XIX hasta prácticamente nuestros dias, siguiendo así la pauta general en todos los paises de Europa. Al teminar la guerra civil el gobierno del general Franco introdujo una novedad en el servicio que se limitaba a los mozos (como los varones aptos para el servicio eran llamado en el argot militar) universitarios. El plan consistía en que el universitario recibiría varias semanas de instrucción preliminar durante el segundo año de la carrera en la ciudad en que residía. A la terminación del tal segundo año de la carrera el grupo movilizado se trasladaría a un campamento militar de los que había varios repartidos en la península. Alli recibiría instrucción militar durante tres meses. A la terminación de los mismos el aspirante sería promovido al rango de sargento de complemento. Este esquema se repitiría a la conclusion del tercer año de la carrera. El aspirante sería promovido al rango de alférez de complemento. El sistema permitía a los ya con el grado de alférez a solicitar un tercer período trimestral en el subsiguiente verano. El programa concluía a la terminación de la carrera (en mi caso, Derecho, cinco años). El alférez de complemento debería realizar seis meses de práctica en un regimiento
Mi experiencia con los milicianos (el nombre popular de esta modalidad del servicio militar era la milicia universitaria) con los que tuve la suerte de convivir durante aquellos dos veranos en el campamento de Ronda (Málaga) fue extraordinaria. Un grupo de seis u ocho de los quince que convivimos bajo una tienda de campaña en los veranos de los años 1944 y 1945 lo pasamos también que nos juramos solicitar un tercer verano en Ronda. Yo no sé quien solicitó, o no, volver. Aquellos con los que me veía con frecuencia porque viviamos en Sevilla juraban y perjuraban que habían hecho la solicitud. Pero nada sabía acerca de lo que vivian en puntos distantes. ¿Quien sabe? El caso es que, asombrado, yo fuí el único elegido para aquel verano de 1946.
Aquel verano./ el ya promovido general Moscardó nos hizo una visita al campamento. En la foto arriba aparece el general, a quien sigue el coronel jefe de nuestra unidad, Fernández Matamoros, saludando a los jefes y oficiales que le dieron la bienvenida. Yo aparezco el cuarto en la fila empezando por la izquierda. El héroe del Alcázar acababa de estrechar su mano con la mia.
MANUEL TAGUEÑA

Las extraordinarias memorias de Manuel Tagüeña
Al estallar la guerra civil el país quedó dividido en dos zonas: la dominada por los rebeldes y la gubernamental. El número de militares profesionales que quedaron supeditados a tal geográfica partición, fue más o menos el mismo para ambas zonas. La diferencia fue que mientras en la zona de Franco tales profesionales se adhirieron prontamente al alzamiento o abandonaron gustosamente el retiro para unirse a los sublevados, en la zona republicana hubo bastantes que prefirieron continuar en el retiro (muy generoso por cierto)
Hubo un factor en el territorio de la república que no se daba en el lado opuesto. Las masas obreras estaban, a través de sus sindicatos, intensamente politizadas. Estos sindicatos, en vez de limitarse a a los objetivos para los que fueron fundados, intervenían, a veces con gran violencia, en la politica general del Estado. Uno de sus enemigos eran las fuerzas armadas, que tan decisivamente habian afectado el curso politico de la nación en el siglo XIX y ya en el XX con el coup de Primo de Rivera, en 1923 y el frustrado del general Sanjurjo en 1932. Los obreros, el germen de las milicias que una vez fueron provistas de armas se aprestaron a la defensa de la república, odiaban el ejército, no querían ser liderados por sus oficiales.
Así nacieron varios caudillos militares que pronto ganaron gran popularidad ntre las masas obreras. Fundamentalmente eran tres: Modesto, Lister y “‘El Campesino”.

General Modesto
Juan Guilloto Leon (popularmente conocido por Modesto o Juan Modesto), nacido en el Puerto de Santa Maria (Cádiz) era un obrero en una serreria que tenia experiencia en las guerras de Marruecos, donde alcanzó el grado de cabo. Después se alistó al comunismo y y al estallar la guerra formó parte del afamado Quinto Regimiento que llegó a liderar. Ya en plena guerra demostró suficientes virtudes militares para alcanzar el grado de general y mandar un cuerpo de éjercito.

General Lister
Enrique Lister Forjan, gallego, obrero de la construcción se alisto al comunismo y dió pronto señales de aptitudes militares hasta el punto de ser invitado a estudiar en la prestigiosa academia militar Frunce donde permanecio dos años. Al estallido de la guerra tuvo cargos, como Modesto, (con quien terminó enemistado) en el Quinto Regimiento y mas tarde alcanzó la cima, con el grado de general hasta llegar a mandar un cuerpo de ejército.

“El Campesino”
Por último, Valentín González, “El Campesino”, extremeño, asi llamado aunque su oficio fue el de minero, era un hombre sin principios, brutal con sus subordinados. Se alistó pronto al comunisno y alcanzó relieve al estallar la guerra. Sin embargo a lo largo de la misma demostró incompetencia e incluso alguien le tachó de cobarde. Fue destituido antes del comienzo de la batalla del Ebro .A la terminación de la guerra se exilió a la Unión Soviética donde fue expulsado de la academia Frunce por inepto.
A Manuel Tagüeña lo cito en mi novela de pasada. Sin embargo, desde el momento en el que vine a conocer su figura me enamoré de su personalidad, tan diferente de los tres caudillos militares antes citados. Porque Tagüeña que se alistó de miliciano raso con el Quinto Regimiento llegó nada menos que a mandar un cuerpo de ejército con el grado de teniente coronel ¡a los veintiséis años!
Desde muy joven Tagüeña, como los militares arriba consignados, sintió cómo la clase obrera españóla había sido desatendida por la oligarquía entonces reinante. Esto le indujo a engrosar las filas de los sindicatos estudiantiles y participar en huelgas y revueltas en busca de un mejor orden de cosas. Habia, sin embargo, muchas diferencias entre Tagüeña y Modesto, Lister y “El Campesino”. Para empezar estos habian sido obreros, mientras que Tagüeña procedía de la clase media. Su padre era topógrafo, con un empleo gubernamental, y su madre maestra. Por otra parte mientras que los luego colegas de Tagüeña no tenian sino estudios rudimentarios este cursó la secundaria en los Hermanos Maristas (como el que suscribe) y después se licenció en la universidad central de Madrid en Físico-Matemáticas con sobresaliente en todas las asignaturas y Premio Extraordinario. La guerra le sorprendió cuando enseñaba matemáticas en un colegio privado y preparaba su doctorado.
Si extraordinaria competencia le gano el respeto de la autoridades de la Republica. Al terminar la guerra y en compañia de su mujer, Carmen, se exilió a Francia para seguir a la Unión Soviética donde pronto descubrió que este pais no era el paraiso obrero que le habían hecho creer. Desilusionado hizo de tripas corazón y se aprestó a cumplir con sus deberes. Era tan capaz que siendo alumno de la academia Frunce pronto pasó a formar parte de su cuadro de profesores y tan esencial en su trabajo que a pesar de solicitarlo no se le permitió intervenir como oficial del ejército ruso, cómo lo era, en la guerra contra la Alemania nazi.
Sus extensas memorias estan repletas de incidencias desgarradoras. El y su familia pasaron por penalidades, y hasta hambre, en un pais que incluso antes de la segunda guerra mundial carecía, con freecuencia, incluso de articulos de primera necesidad. La guerra no hizo sino agravar su situación . En sus relaciones con la burocracia comunista recibió humillaciones sin cuenta y fue víctima de corruptelas yh desprecios. Al terminar la guerra recibió órdenes de trasladarse a la Yugoslavia de Tito. Alli pasó varios años instruyendo al ejército de ese pais pero sus jefes, creyendo (erroneamente) que habia tomado parte por Tito , quien a la sazón había decidido librarse de la tutela de la Unión Sovietica, lo trasladaron a Checoeslavaquia. Alli, harto de comunismo, renunció a sus antiguos ideales y no tuvo desde entonces otro norte que hallar la manera de salir de Europa. En Checoeslovaquia, volviendo a sus antiguos amores, ingresó en la facultad de Ciencias de Brno donde enseñó física y matemáticas y encontró tiempo para estudiar medicina completando dos años de la carrera. Estando en Brn murió Stalin y al relajarse la dura tenaza comunista hallo la forma de lograr permisos de salida para el y su familia (les habian nacido dos hijas) y viajaron a México donde le halló la muerte en 1971, a sus cincuenta y ocho años.
Viviendo en Mexico soñaba en volver a España. Al morir Franco solicitó permiso para radicarse en la patria. El permiso tardó cinco años. En esos cinco años le entraron las dudas. Viajó por fin pero solo para enterrar a su madre. Durante su estadía en Madrid recibió varias tentadoras ofertas de trabajo y substancial ayuda, aparte de la simpatía y muestras de aprecio que recibió por doquier. Pero decidió regresar a México. Pensó que se esperaría de él renegar de sus ideales comunistas y aunque, como dicho, hacía años que había abjurado de los mismo, acariciaba con ternura, al cabo de tantísimo tiempo sus viejos ideales de juventud y a eso no podría renunciar.
La figura de Tagüeña, un hombre, aparte de sus méritos y valía, íntegro y cabal donde los haya merece el retrato que he hecho del mismo y por eso le incliuyo en esta anatomía.
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