LA MOCITA PUDOROSA

Los que estudian inglés habrán notado que mientras la contestación afirmativa a una pregunta en español o inglés, o sea, SI y YES se escribe y pronuncia de forma diferente, se da la pajolera casualidad de que la contestación negativa, NO, es idéntica en ambos idiomas. Algo tajante y seca en español, suave y resbaladiza en inglés. Parece como si ambas lenguas se hubieran puesto de acuerdo para conseguir una identidad idiomática que, a veces, elimina ambiguedades al contestar a preguntas sobre actividades que no son de recibo en un país determinado. Así, en control de pasaportes en Barajas, o en Heatrow (Londres), o en JFK (Nueva York), el recién llegado turista pregunta en cualquier de tales idiomas: – Puedo trabajar?-NO; Puedo quedarme todo el tiempo que quiera?-NO

En tiempos de Franco NO estaba muy de moda.-Puedo pasearme en bañador por la playa?- NO. (En los años cuarenta, había que hacerlo en albornoz); Puedo bailar al “agarrao”.-NO. (En los años cuarenta, pecado mortal en Sevilla bajo el látigo del Cardenal Segura. Mas tarde, cuando el Cardenal entraba en la senectud, tolerado en Huelva donde un recién nombrado obispo miraba hacia el otro lado. Paquita es una mocita pudorosa de las que había muchas en aquella época. Su novio, estudiante de medicina, le pregunta:- Anda Paquita, enséñame la cicatriz de la apendicitis; es por curiosidad profesional, sabes?-NO. Bonito coche, este SEAT 600; dígame, si lo compro hoy, me lo pueden entregar en el acto?-NO.(Años cincuenta.Había una lista de espera de tres meses). Se solicitaba una teléfono. -Comprendo que hay mucha demanda, pero me lo pueden instalar en dos meses?-NO. En los años cincuenta había una lista de espera. Al año de solicitarlo se recibía una carta de la Telefónica: Su teléfono ha llegado. Lo instalaremos dentro de treinta días a partir de la fecha. A las dos semanas otra cartita: Su teléfono será instalado el 15 de Julio de nueve a doce. Tres horas perdidas de trabajo (que llegaban a cuatro), pero qué le vamos a hacer: un teléfono es un teléfono. Llega el día de la instalación. Alborozo.-Ea, aquí tiene usted (por aquellas fechas no existía el tuteo, éramos unos insensibles) su teléfono, dice el operario de la Telefónica una vez terminada la instalación. Emocionado el flamante usuario pone el dedo en el disco y trata de llamar a su padre para que compartiera su gozo. El operario le mira fijamente:-Qué hace usted?, le pregunta.-Trato de llamar a mi padre. -NO, no tendrá servicio en un mes. Y así fue, previo pago de mil “pelas”.

Era España entonces una sociedad encorsetada, llena de tabúes y de NO, de prohibiciones y restricciones.

En 1958 traladé mi residencia a los Estados Unidos. El contraste fue abismal. Lo de la prosperidad ya lo sabíamos. Un master seargent de las fuerzas aéreas de USA de los que por cierto, habían unos cuantos en Sevilla por los años cincuenta, ganaba mas que un general de brigada español. Mas de una criada desertó al general y entró al servicio del sargento. No era sólo eso. Era que los EE.UU. era una sociedad libre, con menos NO, aunque algunos grotescos, y muchos YES, incluido algunos siniestros. Pero lo sorprendente era, por ejemplo: -“Puedo insultar al presidente de los Estados Unidos? -YES. -Puedo quemar la bandera de los Estados Unidos?-YES.-Puedo escribir y publicar lo que me de la gana?-YES. Puedo hablar y chillar en público lo que me de la gana?-YES (excepto gritar fuego en un teatro abarrotado de público). Me encontré con una sociedad en la que las leyes básicas , common law o ley común, habían emanado del pueblo y ascendian a los tribunales mientras que en España derivaban del derecho romano donde el pretor (ordeno y mando) dictaba las leyes al pueblo. Todo era mas libre. Hasta el idioma andaba (y anda) suelto, sin trabas, sin Real Academia, pero rico, flexible, y hoy, debido a la tecnología, imperial. Había (y hay) una impresionante solidaridad. Siendo un pais federal, el gobierno central y su muy respetada bandera mantenian y mantienen al pais unido, aparte de la politica polarizante.

Han pasado mas de sesenta años. Todo ha cambiado en España. Hay ua Constitución. Hay menos NO. Ya no hay mocitas pudorosas ni listas de espera para un coche o un teléfono. Hay demasiados SI, pero mas vale no meneallo. Pero con mas de doscientos años de constitución americana y mas de mil desde la Magna Carta de Inglaterra (por nombrar a las dos democracias par excellence, nuestra constitución aun está en rodaje. Tenemos aun mucho que aprender.Los experimentos del siglo XIX (una primera república con cuatro presidentes en once meses) y el XX aquella segunda república de sangre y lágrimas que algunos aun añoran, fueron atroces. Y hoy? Miré los muros de la patria mia….

(NOTA_ Este articulo, con algunas modificaciones, fue publicado en en Diario de Sevilla en 2010)

MIS DIEZ MIL SIESTAS

En la contraportada de mi recientemente publicada novela Prisionero de don Juan aparece mi miniobiografia en la que proclamo que mi único hobby, aparte de la lectura, es dormir la siesta. El lector, si es que los tengo, se preguntará extrañado: diez mil siestas? No son demasiadas siestas? Pues no: si hubiera dormido la siesta todos los dias de mi vida, 97 y pico de años, saldrían más de treinta mil. Y por qué precisamente diez mil? Ah, vaya usted a saber. Quien sabe? Puro capricho. Podrían haber sido ocho mil o dieciocho mil. Pero, puesto en las diez mil, no se por qué me atrae esta cifra. Quizás por la estupenda historia del ejército de los diez mil, que cuenta Jenofonte describiendo una de aquellas guerras míticas de la antiguedad clasica. Debo aclarar que al que al decidirme en la cifra de diez mil hube que descontar meses y años. Un bebé duerme sus siestecitas todos los dias pero, a quien se le ocurre hacerlo con quince años? Además tambien tuve que eliminar los largos años de mi vida activa en los que trabajaba seis dias a la semana

Pieza fundamental en la siesta es, por supuesto, la cama. También dije en esa minibiografía en mi citada novela que la cama es, a mi juicio, uno de los grandes inventos de la humanidad, porque.sencillamente, en ella nacimos, en ella procreamos y en ella morimos. Hay algo mas trascendental en la vida humana que este trio de circunstancias? Y esto no lo digo yo. Ya en su dia lo dijo don Miguel de Unamuno. Y si no lo dijo, debería haberlo dicho, porque don Miguel era muy apegado a la cama. Hay una famosa fotografía de él leyendo en su lecho, donde el filósofo y escritor pasaba muchas horas. Un dia uno de los periodistas que le acosaban a cada momento le preguntó: don Miguel, como puede usted dormir tantas horas?. A lo que el que fue catedrático de la Universidad de Salamanca le repuso: :Porque me lo pide el cuerpo. Pero sabe usted? Cuando estoy despierto estoy más despierto que nadie.

Unamuno en la cama

Don Miguel era así. Se cuenta que Alfonso XIII le condecoró en una ocasión, junto con otras personalidades. A la terminación de la ceremonia el rey le preguntó: Don Miguel: (el rey tuteaba a todo el mundo pero no se atrevía con Unamuno) Como es que todos a quien he condecorado me han dado las gracias menos usted? Don Miguel, sin inmutarse le contestó: Porque me lo merezco.

En los paises anglosajones, es decir, Reino Unido y Estados Unidos, paises sobre los que, por conocerlos intimamente, puedo expresarme con propiedad, la siesta ha tenido mala prensa y peor opinion. La siesta era símbolo de la pereza, uno de los pecados mortales que, aunque no oficialmente reconocido por el protestantismo por haberse promulgado por la Iglesia de Roma sí se ha venido identificando como tal a traves de la Biblia, la que por supuesto, la condena. No hay que olvidar que tales paises anglosajones comulgan, en gran medida, con la ética del trabajo calvinista que rechaza, por inmoral, la indolencia.

En mi opinion, la idea de la siesta en el publico norteamericano va pasando de puro reachazo a tolerancia y, a veces, a envidia de quien la practica. Winston Churchill, un heroe del siglo XX, dio conocer a través de sus escritos, comunicaciones orales y hasta películas, que no podia prescindir de ella. Esto causó gran impresión. Por otra parte hay una opinion generalizada por parte de respetadas voces que la siesta es beneficiosa para la salud corporal. Conozco a alguien que siempre que nos vemos me pregunta que si sigo durmiendo la siesta y, al contestarle afirmativamente, creo ver en sus ojos destellos de admiración y, al mismo tiempo, de impotencia para quebrantar dogmatismos ancestrales.

Y cuanto tiempo duran mis siestas? La respuesta es un minimo de hora y media. Qué barbaridad! dirán algunos. Qué pérdida de tiempo! Hay que tener en cuenta que estoy jubilado, que, no tengo obligaciones y, felizmente que tengo una mujer que no me deja hacer nada en la casa, en fin, que soy totalmente dueño de mi tiempo. Y aun asi, una vocecita me dice algunas veces: no es un abuso, no ya dormir la siesta, que esto es innegociable, sino por tanto tiempo? No podria invertirlo en algo útil para otros o para mi? Puede que sí, pero en qué? No tengo edad ni inclinacion para el voluntarismo. No tengo ningun otro hobby. Otros juegan al golf o a las cartas, o en fabricar bastones o barquitos de vela. Pero no yo. Ademas ,me huelen a solapada envidia estas críticas. Libre pues mi conciencia, continuo durmiendo sabiendo que por lo menos no me voy a dormir al despertar viendo los informativos o peliculas en la televisión. Ademas, que yo sepa, nada importante se puede hacer, ni nada trascendental ha hecho la humanidad,de tres a cinco de la tarde.

Heroic Times

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In 1936 a small group of officers of the Spanish army in what was than Spanish Morocco, in North Africa, rose against the young Spanish Republic. What everybody thought might be another “coup” of the many that have plagued the history of Spain (the last one took place in 1981) became what was to be known as the Spanish Civil War. What everybody thought could last a few days or a few weeks was prolonged for almost three years and left Spain in ruin. Hundreds upon hundreds of books treating the Spanish Civil War, in all its possible facets, both fiction and nonfiction have been published in many countries and in many languages. Songs, plays and movies have also made their mark. Hundreds of theses have been written by history students in the United States attempting to explore and determine the cause or causes of the Civil War. It suffices to say for our purposes that a conservative minority backed by the army and the church, all entrenched in a semi-feudalistic society, fearful of losing their privileges, attempted (and ultimately managed) to destroy a set of social reforms brought about by the Republic (such as divorce, separation of state and church, agrarian and educational reform, etc.) that simply were ahead of their time. On the other side of the spectrum, a large disenfranchised majority, crushed by the depression, saw in the military insurrection an attempt on the part of the rebels to deprive them of their gains.

It was a strange war. It started as a fratricidal fight. But soon foreign elements projected themselves onto the arena, converting the war into an international conflagration. On the one hand the Axis Powers, Nazi Germany and Fascist Italy took the side of Franco who soon became the leader of the rebels or, Nationalists, as they came to be known. The western democracies, the Soviet Union and indeed most of the then free world, became the friends of the Republic; however, while the German and Italian help was so effective, as to be essential to the ultimate Franco victory, the help from democracies became a trickle and soon disappeared.

it was a cruel war. In the rearguard thousands were assassinated mercilessly on both sides without trial and without compassion just for happening to disagree over their political beliefs. Sometimes for something as futile as for wearing a mustache or a hat in the “loyalist” zone (as it use to be known in the United States and in England) or as innocuous as being a Mason in the Franco zone). And yet in the lulls of the fighting, in the many long months of a war of attrition the contending forces took time to fraternize and entertain one another recognizing after all that they were brothers (sometimes in the literal sense of the word) fighting against each other.

it was largely a war of men, not of machines. Science in its many ¡manifestations did not have the decisive role that it would play later on in WWII. It was still man against man with the possibility of displaying chivalry and observing the military code of honor.

But above all (and this is what impels me to reminisce) it was fully and totally a war of ideals. Perhaps the other only conflagration that could be compared with the Spanish war was WWII. It is not by accident that both were the fruit of the clash of ideals that brought about the emergence of two opposing systems of government: democracy and totalitarianism of both the left and right. Another famous civil war that comes to mind, the American civil war, was also a war of ideals but unfortunately it was tainted by the commercial Jealousy between the North and the South. WWI broke out due, to a large degree, to the intense fear on the part of Britain of seeing her hitherto unchallenged command of the seas ruined by the tremendous appetite of imperial Germany for colonies and new markets.

The Spanish war was not a colonial war as were earlier wars fought by the Spaniards against the Moors of Northern Africa in the latter part of the nineteenth century and in the first quarter of the present one. Colonial too was the Spanish—American war. Spaniards went to war in Africa and Cuba in the 19th century and again in Africa in the twenties, just as Americans went to Vietnam in the sixties, without knowing what they were fighting for. But the Spaniards of the 1936-39 war did know, on both sides, what they re fighting for. So well did they know that soon thousands of young people from all over the world joined the ranks of the Republic army and took their side against the Franco forces. It is true that not all who went to Spain to fight were pure idealists. Some were adventurers, looking for excitement. Others were hardened communists obeying the command of the party line, and others, jobless victims of the depression, went to fight simply because they were attracted by the high wages paid by the Republic. But many, many others particularly from England and the United States, were fascinated by the idea of fighting against the dark powers of obscurantism, repression and tyranny, Many of these young people were college graduates or still in college. Some were college teachers. Some professed to be communists. But communism was in vogue among Anglo—Americans intellectuals at the time. They were nonprofessional communists, very different from the card-carrying type. Many of them, when they saw communism in action, abandoned their beliefs. One of them, Eric Blair, better known as George Orwell, persisted in his faith after leaving Spain (“Homage to Catalonia”) but when ultimately saw the light wrote “Animal Farm” perhaps the best satire ever written against communism.

Ideals was what impelled those young men to enlist with the “Lincoln Brigade” and the “British battalion” and to die by the thousands. Such tremendous generosity has not been seen since. Neither the Korean “police operation” nor the Vietnamese conflict, nor the internecine fights in Africa (Nigeria, Ethiopia etc.) nor the clashes between Arabs and Jews have provoked the immediate appeal to human conscience nor the enthusiastic and total support that the Spanish civil war found in the hearts of so many young people.

Back in 1986 a small group of old veterans of the famous “Lincoln Brigade” met in Madrid for old time’s sake. They unanimously agreed that, were they to be transported back to 1936 again, they would act the way they did. As a witness of those terrible, terrible and heroic times I rejoice in paying tribute to those idealist, who sacrificed so much for a cause that appears to be the last of its kind.

El mundo visto a los noventa (y pico) de años: la vestimenta y la apariencia fisica

En entradas anteriores hemos pasado revista a determinados cambios que se han venido sucediendo a lo largos de casi mis cien años de existencia. Han sido los inventos y descubrimientos, el teatro, los toros,

Nati Mistral

los deportes y los medios de transporte. Nos toca ahora examinar las costumbres, empezando con la vestimenta y la apariencia física de las gentes que la usaban. Nacido en 1924 no pude alcanzar la moda femenina de la primera década del siglo (el XX, por supuesto) pero por las fotografías en publicaciones de la época se puede colegir que las faldas eran (seguían) siendo largas, hasta rozar el suelo y, por lo que me contaban mis padres, sabemos que los hombres suspiraban cada vez que alcanzaban a vislumbrar el tobillo que accidentalmente dejaba alguna fémina al descubierto.

Santiago Ramon y Cajal,
Premio Nobel 1906

Para la fecha de mi nacimiento el mundo estaba inmerso en los roaring twenties, los estrepitosos veintes. Las barbas hacia tiempo que habian desaparecido. En España aún quedaban algunas barbas célebres, entre ellas las de el eminente Premio Nobel Santiago Ramon y Cajal y las del famoso catedrático Miguel de Unamuno.

Miguel de Unamuno

En los años veinte los hombres aún usaban el sombrero y el bastón. En cuanto a las mujeres las faldas se acortaron hasta por encima de las rodillas. Y, sirviendo a la nueva moda, las mujeres se cortaron el cabello y lucieron un peinado que vino en llamarse a la garçonne./ Hay un chotis, con un número, “Las Taquimecas”, de la revista musical “Las Castigadoras”, que refleja la época. Cantado por los años sesenta con picardía madrileña por la insuperable

Nati-Mistral decía así:

Con la falda muy cortita, muy cortita
Luciendo el talle
El pelito muy cortito, muy cortito
Voy muy airosa por la calle…. etcétera.

Las faldas largas, hasta el suelo, pasaron de moda pero algunas mujeres las siguen utilizando pero de forma casual, como alternativa a faldas cortas (que a veces, como en los veintes, se quedan por encima de las rodillas) o para asistir a una elegante soirée donde los hombres pueden vestir de smoking.

Volviendo a los hombres, como las barbas habian desaparecido los barberos, empezaron a llamarse peluqueros y no sé por qué, porque las pelucas, que supongo seguían usándose eran tan escasas, y sobre todo tan,en su mayoría, invisibles que no encuentro justificación que de pie a la denominación de tan largo gremio. Había uno del tal gremio en Barcelona, que se anunciaba así: Pedro Pellicer, peluquero, perfumista, prepara, pinta pelucas para personas poco pudientes por pocas pesetas. También contribuyó a la decadencia (relativa) de este colectivo la generalización b de las maquinillas de afeitar, inventadas en los Estados Unidos por un tal Mr. Gillette. Allá por el año 1935 oía yo un anuncio por la radio que comercializaba una hoja de afeitar. Era una cancioncilla entonada por un dúo. La soprano arrancaba así:

Que es lo que te ha pasado querido mío
¿Es que vienes de un desafío?

El barítono le contestaba:

Es muy sencillo, te lo diré
Que me estaba afeitando
Y me corté.

Acto seguido la soprano le cantaba las excelencias de las hojas de afeitar Iberia.

Las barbas estuvieron ausentes durante varias décadas y reaparecieron, en España al menos, en la década de los setenta, mayormente en las caras de los antiburgueses y de los anti-establishments. También la usaron algunos políticos, sobre todo de izquierda. El primer gobierno de Felipe González (quien nunca las usó, por cierto) incluía varios ministros barbudos. Decayeron las barbas con el comienzo de la nueva y presente centuria para resurgir con fuerza poco después con la diferencia de que las actuales barbas no airean en sus adheridos ni diferencia de clases ni de tendencias políticas. Simplemente, están de moda.

En los Estados Unidos se popularizó entre los hombres a principios de los años cincuenta un corte de cabello que dejaba la cabeza con el pelo muy corto. Vino en llamarse crew cut o estilo de tripulante (de barco, por supuesto), influencia directa de hábitos adquiridos durante la recién terminada guerra mundial. Coincidió con la moda de las bobby soxers, o sea, la de las adolescentes, que consistía en calzar unas a modo de zapatillas de tenis con unas tobilleras blancas. Estas modas no pasaron a través del Atlántico a Europa (ni del Pacífico a Asia).

En cuanto a las prendas de cabeza ambos sexos continuaron usándolas en la primera mitad del siglo. El llorado Gregorio Marañón, en unos de sus magistrales ensayos (quiero recordar que Vida e Historia) sostenía que el sombrero era un vestigio de la corona, símbolo de autoridad y jerarquía. Durante la guerra civil española la zona republicana, dominada por la coalición antiburguesa del Frente Popular determinó eliminar el uso del sombrero. Justo a la terminación de la guerra (1939) un sombrerero sevillano (Padilla Crespo se llamaba) se anunciaba en sus escaparates con el mensaje comercial Los rojos (los republicanos) no usaban sombreros. Estos accesorios cayeron en desuso, para ambos sexos, allá a fines de los años cincuenta. Mis lectores (si es que los tengo) de cierta edad recordarán las fotos del presidente Kennedy, quien resistiéndose a usarlo en la cabeza optaba, por exigencias de los convencionalismos, por llevarlo en la mano. Yo mismo lo usé en los años cincuenta. Ahí va una foto mía con la que por entonces era su novia y hoy mujer paseando por la plaza de San Francisco, en Sevilla./

Judy yo paseando por Sevilla

Uno de los ritos protocolarios en el uso del sombrero era que no era de recibo gastarlo bajo techo (exceptuando quizá una fábrica, o una cuadra, etc.). Recuerdo que copiando de aquellas películas americanas, especialmente las de “gangsters” dónde el o los malos entraban en una casa ajena u oficina pública con el sombrero encasquetado en la cabeza, entré yo una tarde en las oficinas internas de Correos a recoger un paquete con mi sombrero puesto. Un oficial me increpó duramente y me obligó o a quitármelo de la cabeza.

Otro aditamento a la moda masculina, que yo no alcancé a verlo cuando su uso era de riguer fue el bastón. Ahí va una foto de mi padre, aun jovenzuelo, con su bastón. Por lo visto su uso era bastante generalizado. No me entra en la cabeza qué añadía a la prestancia de sus usuarios el uso de tal accesorio, como no fuera utilizarlo como arma defensiva u ofensiva. A día de hoy (2019) y aparte de los impedidos el único que usa bastón en España, que yo sepa, es el famoso dramaturgo Antonio Gala, que lo lleva usando año tras año, por presunción, me imagino, porque en sus años jóvenes, que ya lo usaba, no lo necesitaría para ayudarse a andar.

Algo muy importante tuvo lugar en los años cincuenta del pasado siglo en lo que se refiere al vestuario para ambos sexos. Fue la aparición de la vestimenta casual. Esto se descubre contemplando las películas de la época con ojo crítico. Yo siempre he creído que el cine es, a mi parecer, la mejor fuente para estudiar la historia de las costumbres. En aquellas películas de los años cuarenta y anteriores es frecuente observar que apenas había diferencia en la vestimenta de los protagonistas tanto si la acción tenía lugar fuera que dentro de la casa. En cuanto se refiere a los hombres, estos llegaban a la casa del trabajo y todo lo que hacía para encontrarse cómodo era despojarse de le chaqueta. Seguían con la camisa de vestir y la corbata. Los adinerados sustituían la chaqueta por un lujoso batín, quizás de seda natural. Las mujeres podrían despojarse de su traje o vestido y enfundarse en una sencilla bata.

En los años cincuenta aparecen las T shirts, o camisetas deportivas llamadas así por la presencia de mangas cortas que así simulaba la letra T. Los pantalones de vestir se sustituían por unos de uso casual hasta que en los sesenta y de forma arrolladora se impusieron los azules jeans que hoy continúan siendo la prenda de riguroso uso para ambos sexos. Los modistos pronto encontraron la hora de diseñar esto jeans, cada uno con su peculiar estilo, para lanzar al mercado pantalones de este tipo para clientes aferrados al lujo. Pero lo que es asombroso es que esta combinación de las camisetas T y los pantalones jean es lo que la gente joven usa para todos los efectos; en muchos casos para ir a trabajo y continuar luego en la casa o afuera en lugares de diversión.

Aparte del uso de los jeans, las mujeres, (y más aún los hombres) que se escandalizaron ver en películas a la Marlene Dietrichy a la Katherine Hepburn vistiendo pantalones en sus películas resolvieron empezando con la década de los setenta abrazar entusiásticamente el uso de tales prendas a efectos formales, incluido, y muy especialmente, para acudir al trabajo. Se acabó para siempre aquello del que mandaba en la casa era el cónyuge que llevaba los pantalones. Y también la determinación, machista, de que sexo era quien se vestía por la cabeza.

Todo, a lo largo del siglo XX derivó a la simplificación. Paulatinamente desaparecieron aquel derroche de tela en el vestuario de las mujeres y el chaleco en el terno (así llamado el usual traje de caballero de tres piezas) de los hombres. Pasaron de moda entre estos el cuello duro y las complicadas corbatas para para dar paso al cuello desalmidonado y a sencillas corbatas clásicas o de pajarita. Por su parte, las mujeres dijeron adiós a las enaguas o combinaciones y hubo unos años en las que las feministas (no todas) llegaron incluso a prescindir del sujetador.

ASI SE ESCRIBE LA HISTORIA

En las contiendas militares, entre países o facciones, lo corriente es que al final de las mismas haya vencedores y vencidos. Pero no siempre ocurre así. La primera guerra mundial (la “Gran Guerra”, como se le llamaba hasta que estalló el conflicto de 1 de Septiembre de 1939) terminó con un armisticio pedido por los alemanes, no con una derrota militar. El tratado de paz de Versalles de 1919, sin embargo consideró a Alemania como vencida y fue redactado en términos tales como para dar lugar a que un endemoniado Hitler, clamando venganza, impulsara una segunda guerra mundial que destrozó a países por generaciones y causó millones de muertes.

Pero la Gran Guerra no fue una guerra de ideologías. Las causas de la guerra se concentraban en la pugna entre Alemania y la Gran Bretaña por la hegemonía mundial. Por eso a la terminación de la misma cada país de entre los que participaron en la misma fue libre de analizar sus errores y aciertos y la historia de la guerra, sus prolegómenos y sus consecuencias se compuso con cierto grado de imparcialidad. Plumas autorizadas de ambas potencias contendientes gozaron, a la terminación de las hostilidades, de absoluta libertad para fijar e incluso aprobar el punto de vista del país que anteriormente constituyera “el enemigo”. En literatura fueron “betsellers” las novelas “Al Quiet in the Western Front” (Sin novedad en el frente Occidental) del alemán Erich María Remarque, obra prohibida bajo el nazismo y “Goodby To All That”, (Adiós a Todo Eso) del inglés Robert Graves. Ambas representan una desesperada protesta contra la carnicería y la inutilidad de la guerra.

La guerra de secesión en los Estados Unidos fue causa de una mortandad como no se habia visto en ninguna época del pasado. Por primera vez en la historia se utilizaron fusiles que permitían impactar objetivos a larga distancia. Fue una guerra ideológica (el tema de la esclavitud) mezclada con hostilidades de tipo económico. Pero fue una guerra desprovista de odio cainita entre hermanos tanto antes como después de la guerra. Vencidos los estados del sur no hubo persecución ni contra militares ni contra civiles por parte del triunfante norte, aunque sí se sucedieron algunas sanciones de tipo económico. Irónicamente la única víctima apenas terminada la guerra fue el victorioso presidente Lincoln, asesinado por un vengativo sudista. Pero a la terminación de la guerra el bando vencedor no prohibió los símbolos que representaban a la Confederación del Sur, los once estados que intentaron su secesión. No se arrancaron estatuas, escudos, monumentos y toda la parafernalia simbólica del vencido. Más aún: en los ciento cincuenta años desde la terminacion de tal guerra (1865), centenares de estatuas y recuerdos fueron erigidos por todo el país como homenaje a caudillos de la confederación sin que el estado federal, gobernado por la constitución que los estados del sur intentaron modificar de por fuerza, moviera un dedo para prohibirlos. Es sólo hace unos meses que la bandera de combate sudista ha sido retirada de algunos centros públicos a raíz de una matanza causada por un psicópata que enarbolaba dicha bandera.

No ocurrió lo mismo con la segunda guerra mundial. Ésta sí que fue una guerra de ideologías. Francia e Inglaterra, luego los Estados Unidos, (y, paradójicamente, la Unión Soviética) no podían permitir que la agresión nazi-japonesa perturbara una visión democrática de la humanidad. La razón estuvo de parte de los aliados aunque al final cometieron una torpeza. Los triunfantes aliados culparon a los causantes del genocidio judío amañando una legislación que no existía al tiempo de que tal genocidio tuviera lugar, condenando a los mismos con efecto retroactivo así contraviniendo conceptos elementales del derecho penal.(“Nulla pena sine lege”). La historia de esta segunda guerra fue escrita por los que, justamente, la ganaron, si bien, como queda dicho, empañando su triunfo con una artimaña legalista a la que se recurrió para castigar a los culpables de tan tremenda matanza. Tan seguros se creían los vencedores de esta contienda que no permitieron voces disidentes que pusieran en duda no la realidad de tales matanzas de los nazis en sus campos de exterminio sino el número de los asesinados. Se creó paralelamente una legislación en varios paises que calificaría tales disensos no solo políticamente incorrectos, sino delictivos, lo que llevó a la persecución y penas carcelarias de algunos que insistían, en su derecho de libre expresión, en opiniones que contradecían la versión oficial de tales exterminios.

Por eso se suele decir que la historia la escriben los vencedores.

Nuestra guerra civil (1936-39) fue de un cainismo sin igual. El odio mutuo entre las dos Españas comenzó antes de la guerra, durante la segunda república. La desaparición del órden público, con una secuela de asesinatos, huelgas y desmanes por doquier constituyó un prolegómeno del recrudecimiento que abocó en una guerra sin cuartel. Los asesinatos en la retaguardia de ambos bandos llegaron a ser rutina, atribuidos unas veces a bandas incontroladas otras a ejecuciones ordenadas por las autoridades. Una vez terminada la guerra con la victoria de los nacionales, el gobierno de Franco ordenó una cruel represión en la que fueron ejecutados miles de personas. Con el transcurso de los años las aguas volvieron a su cauce y aunque la represión bajó en intensidad continuaron la censura, la supresión de partidos políticos, en fin todas las etiquetas de un régimen dictatorial bajo el aparato pro forma de un simulacro de Cortes y unos “procuradores” disfrazados de diputados.

A todo eso puso fin el advenimiento de la democracia y la monarquía. Lo primero que se hizo fue cambiar los nombres de calles y plazas, una constante histórica en España con nuestra manía de bautizar tales calles y plazas con los nombre de los políticos de turno. Pronto se legislaron ayudas a los excombatientes de la república; se reconocieron pensiones a los mismos (la dictadura los tuvo totalmente desamparados) y hasta hubo un decreto que a mí me parece ridículo cual fue el conceder la nacionalidad española a los ex miembros de las Brigadas Internacionales. Aparte de estas medidas algunas justas, otras de dudoso valor tales como este concerniente a los brigadistas, durante los veinte años siguientes a la transición los gobiernos que se sucedieron acordaron enterrar los antiguos odios y sed de venganza hasta que llegó el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero con su ley de Memoria Histórica de 2007. El objeto de esta legislación fue primordialmente ayudar a los familiares de la víctimas de la persecución franquista a localizar y desenterrar los cadáveres de tales víctimas, lo cual fue encomiable y justo. Los cadáveres de las víctimas de la persecución republicana fueron en su dia localizados y desenterrados y dado toda clase de reconocimiento y honores. Fue justo pues, que, vueltas las tornas, se hiciera lo mismo con las víctimas republicanas.

Pero la ley mandaba eliminar todo lo que oliese al régimen anterior. Asi pues se arrancaron estatuas, monumentos (aunque todavía no le han tocado al del Valle de los Caídos, por ser uno de carácter religioso) efigies, escudos (llamados “pre-constitucionales”) aunque muchos consistían simplemente en el águila de San Juan y el escudo de España de toda la vida, cuyo yugos y flechas del tiempo de los Reyes Católicos llegaron a ser considerados, tal es la ignorancia que priva hoy en España, como “fascistas”. Todo esto en contra de la tradición porque no creo que históricamente se haya observado tal erradicación de símbolos de un régimen al ser sustituido por otro. Por ejemplo, dudo que al haber sido reemplazada la Casa de Austria por la de los Borbones este régimen sustituyera los símbolos del anterior aunque ambas dinastías lucharon entre sí en la Guerra de Sucesión. Y remontándonos unos siglos más no se le ocurrió, al rey San Fernando, (Fernando III de Castilla y León) conquistador de Córdoba (1236) y de Sevilla (1248) destruir la grandiosa mezquita en la primera y el minarete que luego sería la Giralda en la segunda, aunque ambos eran monumentos de carácter eminentemente religioso y representativos de la fe musulmana que los caudillos cristianos y el propio rey Fernando (excepto en períodos de “convivencia”) habían combatido ferozmente durante siglos. Tuvo el rey y sus seguidores suficiente sentido común para comprender que tales monumentos eran historia. Que fue precisamente el comentario de Felipe González, primer ministro en la primera etapa socialista al ser preguntado por su opinión sobre la retirada de estatuas del generalísimo Franco.

Porque la Memoria Histórica (Memoria Histérica la llaman algunos) lo que está haciendo es, cuando no borrar, falsificar la historia. ¿Cómo se atreve la izquierda a reputar como modelo de democracia a la segunda república española (1931-39)? Para los que la vivimos, aquello era de todo menos democracia. Tan inseguro se consideraba el gobierno Azaña sobre su legitimidad que tuvo que sacarse de la manga una Ley Para la Defensa de la Republica. ¿Necesitan (o necesitaron) democracias tales como las de la Gran Bretaña, o los Estados Unidos legislación del tal tipo para sentirse fuerte? Al amparo de esta Ley de Defensa de la República se implantó un régimen de censura que dia tras dia nos traía a los periódicos con páginas enteras en blanco cuando no eran suspendidos. ¿Cabe la censura en una auténtica democracia?

Los incendios de iglesias y cosechas, la revolución de Asturias que ocasionó 2.000 muertos y la destrucción de la Universidad de Oviedo, entre otros desmanes, la proclamación de la República independiente de Cataluña, miles de huelgas, asesinatos de políticos, empresarios y policías, algunos en plena calle, saqueos…etc. ¿es esta la Republica que sirve de modelo democrático a la izquierda española de nuestros días?

Otro desatino es el afán de presentar a una España ensombrecida en su vida cotidiana durante el régimen de Franco pintándola una veces como sometida a un régimen de terror, otras como a un país hambriento y aun otras como un desierto cultural.

Lo cierto es que terminada la guerra España no fue un estado policía, ni hubo hambre (excepto en el año 40) ni, a pesar de una deplorable censura, fue España un desierto cultural. Muy al contrario florecieron la literatura, las ciencias y las artes en todas sus manifestaciones.

Otra manía es la de falsear la situación de la mujer en la España de Franco describiéndola, si casada, como una esclava de su marido que necesitaba su venia para abrir una cuenta de banco o para vender sus propios bienes. En su ignorancia desconocen que tal era la legislación vigente en muchos paises en aquella época, incluida esta Texas donde vivo.

Pero ya he expuesto en otras ocasiones en este blog, que la historia la están escribiendo en este caso no los vencedores sino los vencidos. Esta negación o falseamiento de la historia ha pasado y está pasando a los libros de texto escolares y por eso tenemos una juventud a la que se ha venido y se viene engañando vilmente y sin remedio y cree a pies juntilla lo que se le viene enseñando en cátedras y escuelas.

Yo, y otros de mi edad y aún mayores, vivimos esa época que ahora se viene tergiversando y proclamamos que esa España en la que crecimos no es la España que se quiere presentar por ignorantes o desalmados. Desafortunadamente (o quizá afortunadamente) no somos inmortales. La historia oral de ese periodo de la pre y post guerra está a punto de extinguirse. Bajo la amenaza de las consecuencias de insistir en una versión histórica “políticamente incorrecta”, pocos son los espíritus libres que se atreven a predicar la verdad. Los que estamos en posesión de la misa pasaremos a otra vida y no quedara más que la versión “oficial” de esa historia plagada de mentiras que se está escribiendo por los que no pueden, por ignorancia, o no quieren, por mala fe, ceñirse a la verdad.

EL MUNDO VISTO A LOS NOVENTA AÑOS: LOS MEDIOS DE TRANSPORTE

Curiosamente, los medios de transporte hoy conocidos por tierra, mar y aire ya existían antes del año de mi nacimiento: 1924.

Comenzando con el marítimo puede decirse que en los noventa años de mi vida lo que más llama la atención es el enorme aumento en el tamaño y tonelaje de las embarcaciones. Yo me acuerdo de chico maravillarme de los grandes barcos de las compañías navieras inglesas, francesas y alemanas que hacían la travesía del Atlántico norte en una competición anual que se denominaba “blue riband” o cinta azul que dirimía cual era el buque más rápido en cubrir el trayecto entre el L’Havre, Southampton o Hamburgo y Nueva York. Recuerdo leyendo en el ABC allá por el año 1935 que la carrera la habia ganado aquel año el francés “Normandie”,

Normandie  fletado 1935. 80.000 toneladas, 60 kms p/h

Normandie fletado 1935. 80.000 toneladas, 60 kms p/h

que desplazaba ochenta mil toneladas. Pero el “Normandie” no era sino un yate de lujo (porque era ciertamente opulento) comparado con el actual y mastodóntico “Allure of the Seas” de la Royal Caribbean, que supera las 200.000 toneladas.

Aparte del tamaño la tecnología ha hecho la navegación por mar más segura, más confortable y más rápida (aunque la velocidad del “Normandie” sigue imbatida). No sé cómo será hoy cruzar el Canal de la Mancha, pero cuando yo lo hice, en las dos direcciones, Dieppe- New Haven, en 1952, fue de lo más desagradable, como lo fue también, años antes, en 1942 en una travesía de Cádiz a Barcelona en un buque de la Trasmediterránea, el “Ciudad de Palma”. La comparación de como la tecnología ha conseguido terminar con las molestias de los mareos la tuve en un delicioso crucero a Turquía, Grecia y las islas griegas en el año 2000.

En cuanto a sus elementos básicos los transportes por tierra o sea automóviles (o camiones) y trenes no han variado mucho. Digo esto porque se avecinan cambios asombrosos, como los trenes de levitación magnética, que aunque existen no están aún generalizados, y algo en experimentación que consiste en desplazarse en unas capsulas que se mueven el vacío a velocidades increíbles. Una compañía que lo está estudiando anuncia la posibilidad de cubrir el trayecto Nueva York-Los Ángeles, cerca de 4,000 kms en 45 minutos. Pero volviendo a los que conocemos, los transportes por carreteras siguen siendo por vehículos que se mueven con cuatro ruedas, un motor y un recinto para personas o cargas. En cuanto a los trenes siguen contando con una locomotora y sus vagones. El antiguo “tender” o vagón carbonero ha desparecido.

Como ocurre con el tema de la navegación aquí los cambios más que en el tamaño y el en el peso ha sido la velocidad. Yo recuerdo viajar de Sevilla a Morón de la Frontera, allá por el año 1936, ochenta kilómetros mal contados, en cerca de tres horas, excluyendo el tiempo para reparar los pinchazos en aquellas infames carreteras de ante y después de la guerra y por muchos años.

Los avances tecnológicos en vehículos tanto de turismo como comerciales han sido de nota. Nadie querrá creer que los vehículos carecían de arranque automático y que el mismo se conseguía a base de una manivela que se adosaba al motor y se accionaba en la base del radiador. Era frecuente que un conductor (o cualquiera que manejara la manivela) se descoyuntara un hombro cuando la dicha manivela daba un violento cambio hacia el punto de partida. No existían sistemas para anunciar al tráfico un cambio de dirección. Se hacía a mano, como lo hacen hoy los ciclistas. El conductor extendía el brazo izquierdo para significar un giro a la izquierda o lo doblaba en forma de ángulo recto para indicar un giro hacia la derecha. En los anos cincuenta hubo un cambio tecnológico. Los cambios de dirección se hacían por indicadores alojados en el entronque de las dos portezuelas a la izquierda o a la derecha del vehículo. Se pulsaba un botón y el indicador salía de la parte izquierda del vehículo para girar a la izquierda o de la derecha para sentido contrario. Una vez ejecutada la operación el indicador automáticamente se retractaba a su alojamiento.

El tráfico era caótico y los desastres no eran frecuentes dada la escasa densidad del mismo. No existían semáforos ni líneas divisorias en el pavimento tanto urbano como carreteras. Ni límites de velocidad, ni indicadores de cambios en el terreno, tales como curvas, o señales de peligro, etc.

En España, antes de la guerra no se fabricaban automoviles. La fabricación del mítico Hispano-Suiza, una genial creación española (con ingeniería suiza) se habia desplazado a Francia a cargo de una subsidiaria francesa, mientras que la compañía matriz, avecindada en Barcelona se ocupaba de la producción de camiones y otros vehículos industriales. Después de la guerra española Hispano-Suiza vendió parte de sus activos a ENASA, un ente para-estatal dependiente del Instituto Nacional de industria (INI), quien creo el camión y autobús Pegaso Pero ENASA también fabricaba automóviles, también llamados Pegaso, aunque yo nunca vi a ninguno circulando por España. Pero dio la casualidad de que encontrándome en Paris con unos amigos, en 1952, visitamos el famoso Salón del Auto de aquel año y allí vimos un precioso automóvil Pegaso deportivo. Nos llamó o la atención que el motor, que se exponía en marcha, estaba cubierto por un caparazón de plexiglás que nos permitía ver el funcionamiento del mismo. Años más tarde, encontrándome ya en los Estados Unidos y hojeando una revista automovilística vi un artículo que describía al Pegaso en términos muy favorables. Pero como digo, yo nunca lo vi circulando en España. La historia de este vehículo es obscura. Se rumoreaba que Franco le habia regalado uno al siniestro General Trujillo, presidente a la sazón de la Republica Dominicana.

También en los años cincuenta se creó la fábrica SEAT, una subsidiaria de FIAT, en Barcelona. El primer coche que salió de su factoría fue el icónico “600”, que dio movilidad a la clase media española que hasta entonces estaba reducida al uso de los “scooters”, sobre todo la “Vespa” a quien algún chusco bautizó como el “bidé rodante”. Comprar un 600 no era fácil. Como ocurría con los teléfonos, habia que solicitarlo por escrito y esperar pacientemente un año a que te lo instalaran o entregaran.

En cuanto a los trenes existían en España, antes de la guerra, varias companias de ferrocarriles. Yo, viviendo en Sevilla, con las que más entré en contacto fue con la que quizás era la más importante, la MZA (Madrid, Zaragoza, Alicante) y la Compañía de Ferrocarriles Andaluces. La primera cubría, entre otros trayectos, el servicio Sevilla-Madrid-Sevilla. La segunda era de carácter regional. Todas estas compañías (habia otras en el norte y otras regiones) fueron absorbidas en 1941 por la actual RENFE. La MZA operaba en Sevilla a través de su preciosa estación popularmente conocida como “la estación de Córdoba, situada en la Plaza de Armas. Esta estación dejó de funcionar como tal en 1990 con motivo del plan general de obras en la capital previos a la gran Exposición Universal (la “Expo”) de 1992. La otra estación era la situada en el barrio de San Bernardo, generalmente conocida como la “estación de Cádiz”.

El trayecto Sevilla-Madrid (y viceversa) lo cubrían varios trenes. Los más utilizados eran uno diurno y otro nocturno y hacían el recorrido en doce lentísimas horas. Como se sabe el actual AVE lo hace en dos horas y media. Irónicamente el diurno era conocido como el “Rápido y el nocturno como el “Express”. Utilizaban carbón mineral. La carboncilla encontraba cómo filtrarse por las mal cerradas ventanillas y asi en un viaje en el año 1942 desde Barcelona a Zaragoza, doce o catorce túneles, mi padre y yo, que vestíamos trajes blancos a la usanza de la época, llegamos a destino que parecíamos unos carboneros. Otros trenes era el “Correo”, que como su nombre indica tenía a su cargo el transporte postal pero que también admitía pasajeros aunque que dada su lentitud (dieciséis horas a Madrid) sólo de tercera clase.

Sucesivamente, ya la RENFE monopolizando el transporte ferroviario, se sucedieron locomotoras menos lentas, que en algunos casos utilizaban diesel, como los automotores TAF (Tren Automotor Fiat) siendo verdaderamente una innovación de creación española el TALGO (Tren Articulado Ligero Goicoechea Oriol) que yo sólo lo he conocido en su más moderna versión pues los primeros modelos se exportaron al mercado norteamericano donde, también hoy en modernos modelos se siguen utilizando con gran éxito.

Los avances más radicales han sido en la aviación. El primer avión que vi, tendría yo siete u ocho años, fue en el colegio de los salesianos, en el patio durante el recreo. No volaba a gran altura, tanto que pude leer la sigla LA PE ambos secciones de la misma distribuidas entre las dos alas. Me pareció enorme. Era de color gris oscuro, de dos motores. Luego me entere que LA PE era Líneas Aéreas Postales Españolas, que hacia el servicio de correos al Marruecos español e Islas Canarias. Mi primer viaje en avión fue en 1953, de Sevilla a Londres. Fue en un bimotor turbo-prop (un intermedio entre avión a hélice y jet) “Viscount” Vickers de la compania BEA (British European Airways). El vuelo duró cerca de tres horas. Hoy se hace en algo más de la mitad. Me tocó como vecino de asiento un militar británico (como era la mayoría de los pasajeros) de elegante y pulcro uniforme. Más que por entablar conversación inicie un diálogo con idea de practicar mi inglés. Me contó que este avión procedía de Gibraltar, cosa que ignoraba. Me explicó que era un sargento (yo pensaba, dado su brillante uniforme, que era un oficial de alta graduación) y que iba a Londres en comisión de servicio. Pasó por mi mente que en una situación similar la España de aquellos tiempos a lo que más podría aventurarse seria desplazar a un “guripa” (sargento o no, pongamos de Sevilla a Madrid, en el “Correo”.

En Septiembre de 1958 volé con mi familia a Estados Unidos para, sin saberlo entonces, quedarnos a vivir. Lo hicimos en un Superconstellation de cuatro motores a hélice de la compañía Pan American Airways (hoy difunta). El avión me pareció (y lo era entonces) gigantesco. Tardamos dieciséis horas con escalas en Shannon (Irlanda) y Newfoundland (Terranova, Canadá). Si hubiéramos demorado nuestro viaje por unos días hubiéramos acortado el viaje en varias horas pues fue a primeros de Octubre de aquel año en el que se inauguraron los vuelos jets entre Europa y los Estados Unidos. Dije que el Superconstellation era gigantesco pero en esto de la aviación comercial el progreso, como en los buques, ha sido ambos en la velocidad y en el tamaño de las aeronaves. El avión que me transportó a USA tenía capacidad para 120 pasajeros y volaba a 470 kms por hora. Hoy día el Airbus 380 puede transportar más de 800 pasajeros a una velocidad de 900 kms hora.

Y hablando de velocidad, los britanicos (que en esto de la aviación ha sido en verdad pioneros), aliados con los franceses, crearon el famoso Concorde, que entro en servicio en 1976 y voló hasta 2003. El avión fue una maravilla de ingeniería volando a una velocidad superior al sonido lo que le permitía enlazar Paris con Nueva York en 3 horas y media (nueve en vuelos subsónicos) a más de dos mil kilómetros por hora. Si tecnológicamente fue un éxito, comercialmente fue un fracaso total. Las enormes sumas gastadas por los gobiernos del Reino Unido y Francia, que poseían en propiedad los aparatos asi como la explotación de los vuelos, en la creación de estas aeronaves asi como en su mantenimiento llegaron a ser una carga al erario prohibitiva. Después del desastre de las torres gemelas hubo un par de años en que el público decidió no viajar por aire. Esta fue la puntilla para el “Concorde” que dejó de volar en 2003. Los aviones pasaron a museos especializados.

En más de cincuenta años en este país he cruzado el Atlántico más de cien veces en ambas direcciones. Los cambios han sido no solo tecnológicos, sino en los usos y costumbres (por ejemplo fumar) tanto en el pasaje como en la tripulación. Lo mismo puedo decir en cuanto a comodidades en las cabinas, acceso a aeropuertos, seguridad y muchos otros aspectos en los desplazamientos por aire.

Viajar en avión en los años cincuenta era casi un acontecimiento. La prensa local en sus llamados Ecos de Sociedad informaban sus lectores de los viajes que las clases pudientes hacían (preferentemente) a Madrid o a Barcelona, por asuntos de negocios o al extranjero, mayormente para divertirse, pero ponían mucha atención en recalcar que el viaje había sido “por vía aérea”. Porque salir de Sevilla en tren era una rutina. Pero viajar en avión era algo especial.

La primera línea aérea que el público español conoció de primera mano fué, como es lógico, la nacional, o sea IBERIA. Tardaría mucho años en que aparecieran subsidiaras o competidoras. Lo viajeros accedían al avión de punta en blanco; los hombre de rigurosa chaqueta y corbata y las señoras de los mejorcito que tenían, ambos tocados de sombrero. Aquí tengo que hacer la aclaración de que no podía ser de otra manera. Porque por aquellas fechas no se había creado la forma casual de vestir que es norma hoy día. En los viajes trasatlánticos de Iberia lo que llamaba la atención eran las azafatas. Eran en muchos casos aristócratas “venidas a menos” porque entonces, en términos generales, los únicos que sabían idiomas en España eran los diplomáticos de carrera y la aristocracia. Eran algunas ya maduritas, y a menudo insoportables. Otra cosa que llamaba la atención en los vuelos de Iberia al nuevo continente era el desproporcionado número de curas y monjas entre el pasaje. Entonces vivíamos en pleno “nacionalcatolicismo”. Los seminarios y conventos estaba a rebosar y España “exportaba” religiosos a Hispanoamérica. También algunos recalaban en los Estados Unidos y yo conoci a varios.

En una ocasión, cuando mi familia y yo esperábamos en Barajas para embarcar, nos encontramos con la desagradable sorpresa de que nuestros asientos (y me figuro que no fueron los únicos) no estaban disponibles. Resultó que habia sido cedidos a una nutrida delegación española que acompañaba a un ministro del gobierno (“de cuyo nombre no quiero acordarme”) y que proyectaban asistir a una sesión de la ONU. Entonces me apercibí de forma directa como funciona una dictadura y una compañía estatal a su servicio. Estoy casi seguro que escogieron como “victimas” a pasajeros españoles. No se hubieran atrevido a hacerlo con norteamericanos. Iberia se deshizo en excusas, nos alojó a sus expensas (faltara más) en un hotel decente, nos recogieron al día siguiente, salimos en el primer vuelo disponible y nos asignaron asientos en primer clase. Aun asi, juré nunca más cruzar el Atlántico en Iberia, juramento que he cumplido hasta la fecha.

Como ya expliqué anteriormente los vuelos de aviones de propulsión a chorro o “jets” comenzaron a partir de 1 de Octubre de 1958. Esta tecnología fue inventada por los alemanes durante la segunda guerra mundial. Un prototipo existía ya en 1942. Entraron en producción en el otoño de 1944 cuando ya la suerte de Alemania iba a la deriva. Dificultades en la producción de esto aviones de caza fue la causa de que pocos entraran en combate y poca mella pudieron hacer en la masiva fuerza aérea aliada aunque sí quedo claro que si Alemania hubiera podido contar con tales aparatos en cantidades suficientes es posible que la guerra hubiera tomado un diferente cariz.

Al terminar la guerra los británicos se hicieron de varios modelos que nunca habia sido utilizados y los transportaron a sus fábricas en Inglaterra para su estudio. El resultado fue el famoso “Comet”, fabricado por la compañía De Havilland que fue el primer avión jet (de la TWA) que cruzó el Atlántico norte desde Londres a Nueva York el 4 de Octubre de 1958. Pan American, que fue la línea que nos llevó a mí y a mi familia en Septiembre de aquel año a Nueva York secundó las travesías con sus Boeing a fines del mismo mes.

Hoy dia viajar en avión es tan rutinario como ir de compras. Pero puede ser y lo es, más frecuente de lo que uno quisiera, una experiencia desagradable. Las colas causadas por la masificación del transporte aéreo, las molestas medidas de seguridad impuestas por el fenómeno del siglo XXI, el terrorismo, la codicia de las aerolíneas quienes en su afán de obtener máximos beneficios y ajenos a la comodidad del pasajero aumenta el número de asientos reduciendo el tamaño de los mismos, el trato a veces descortés de la tripulación, los frecuentísimos y arbitrario retrasos, en fin, que lo que era un placer se ha convertido en una experiencia que puede revestir los caracteres de una mala pesadilla.

Aun así, ¿quién quiere volver a los tiempos de la diligencia, o navegar a vela (excepto en términos deportivos) o ir a Madrid en el “Correo”…No, en estos de los transportes, “cualquier tiempo pasado fue peor”.

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DE MARICÓN A GAY

Hace año y pico que finalmente convencí a mi mujer que vendiéramos la casa. La compramos en 1974. Era vieja (100 años), destartalada y costosa. Tuvimos suerte; encontramos rápidamente un comprador, también encontramos un lugar que nos gustó y pudimos sincronizar venta y compra sin grandes problemas excepto aquellos atinentes a toda mudanza, en este caso agravadas por tener que deshacernos de centenares de libros (incluida una Enciclopedia Espasa con más de 80 volúmenes, que al final tuvo que donarla a una Universidad pues no encontré comprador) y muebles, chismes y trastos para poder acomodarnos en un “condominio” (condo le llaman aquí) de mucha menor superficie de la que teníamos en la casa.

Encima de nuestra propiedad hay una “pent-house”, un piso lujoso de muchos pies cuadrados. Al tiempo de mudarnos, Marzo 2014, oíamos los taconazos de una mujer, aunque solo en los fines de semana. Pudimos averiguar que el tal piso era propiedad del dueño y constructor del complejo y que los anónimos pasos eran de (y aquí tengo que echar mano de un apelativo “políticamente correcto” para evitar que me tachen de antiguo, lo que me costó que me echaran de un periódico por mi preferencia a aquello de “al pan pan y al vino vino”) su “pareja”.

Al cabo de algún tiempo los taconazos de la anónima fémina dejaron de oírse y varia semanas más tarde nos enteramos de que la “penthouse” habia sido vendida a un banco situado en una ciudad distante de Dallas (Texas), donde vivo, y que dicho banco estaba abriendo una sucursal en nuestra ciudad. Veíamos en el ascensor a varios hombres que nos confirmaron la noticia. Colegimos que el piso de arriba estaría destinado a personal destinado a la sucursal.

Una tarde, hace pocos días, cuando Judy, mi mujer y yo salíamos hacia una fiesta nos encontramos en el ascensor a dos hombres jóvenes, de veinte a treinta años, bien trajeados. Después de saludarnos, de golpe y porrazo y sin venir a qué uno de ellos se dirigió a nosotros de esta manera: Por favor no piensen que somos “gays”. Somos compañeros de trabajo en el banco. Judy yo, estupefactos, nos miramos sin saber que decir. Nos limitamos a sonreír (¿qué íbamos a contestar?) y al poco salimos del ascensor ellos a su coche y nosotros al nuestro. No hemos vuelto a verlos.

En mi vida, en mi larga vida, me he encontrado con una situación similar.

¿Qué se hizo de las amistades masculinas? Qué se hizo de aquellas parejas de hombres que iban por la calle, algunas veces del bracete y que iban juntos al cine, a pasear y charlar, a beber lo que se terciara, y así cimentar una relación de amistad, muchas veces profunda y sentida.¿ Eran homosexuales? No y cien mil veces no. Si no salían juntos con sus amigos, salían con su novias, sus mujeres o sus (como le llamábamos entonces), sus queridas, aunque esto de tapadillo porque asi eran las costumbres de antaño.

¿Qué ocurre hoy? Vemos a una pareja de hombres y lo primero (y lo digo con gran pesar) que se nos viene a la mente es que son homosexuales. Hasta aquí hemos llegado.

Hasta los años sesenta, ser homosexual, era en España, y en todas partes, era pertenecer a un colectivo despreciado, a la escoria de la humanidad. Ser considerado maricón (o “mariquita” como les llamaban las mujeres) y tildado como tal era peor que ser, por ejemplo, cornudo. “Mariconazo” era el peor calificativo que se podría dirigir a un hombre. Los niños jugando a las carreras se retaban “maricón el ultimo”. Hasta los sesenta quizá algo más tarde los invertidos no salían a la superficie, o como se dice ahora (copiando fraseología norteamericana) no habían salido del armario. Los que se veían por las calles eran, por lo general, hombres de las capas sociales más inferiores. Los veíamos maquillados, contoneándose descaradamente. Pero eran poquísimos. Algunos vivían entre putas, ejerciendo servicios domésticos.

En cuanto a los que se ocultaban en el anonimato todo eran rumores, aunque algunos bien fundados. Asi, recuerdo que mi familia y yo teníamos un dentista de prestigio del que sospechábamos era maricón. Era un hombre guapo, moreno. Gastaba bigote. Más bien bajo, musculado, con una voz profunda de bajo. Lo único que encontrábamos fuera de lo corriente era que usaba una bata blanca profesional pero tan ajustada a la cintura y tan corta que parecía una chaquetita femenina más que bata. Además de ser un profesional de prestigio su conducta con su clientela era irreprochable.

Este dentista se tomaba un mes de vacaciones todos los años, en el verano. Salía de Sevilla y no se le volvía ver en absoluto. Es más, no le contaba a nadie a donde iba. Pues bien, es el caso que el hijo del propietario de una conocida y prospera tienda de comestibles en pleno centro, en Sevilla, de profesión médico radiólogo, y también un profesional de prestigio, era sospechoso de ser maricón también. Su aspecto era todo lo contrario de lo que uno podía catalogar como homosexual. Alto, moreno, fuerte, de aspecto agitanado. Y se daba la puñetera casualidad que también se tomaba un mes de vacaciones todos los años en el verano, coincidiendo precisamente sus fechas con las del dentista. La conclusión era obvia. Pero es que además alguien los vio juntos en una playa del sur. Pero jamás se les veían juntos por la calle en Sevilla.

Los rumores, menos fundados, se extendían a profesionales en todas las ramas, entre ellos en sociedades deportivas (no futbolistas). Todos estos individuos llevaban una vida normal, rutinaria y no dan en absoluto señas de su condición.

Yo creo que los años sesenta fueron decisivos. Pero a mí ya me cogieron en los Estados Unidos, a los que llegue en 1958. En Texas, donde vivo, la revolución sexual encontró una durísima oposición. Texas era entonces y lo sigue siendo, entre otras cosas, un Estado significativamente machista. Estaba en vigor cuando yo llegué una ley (que los chuscos llamaban “the hunting license” o licencia de caza), en virtud de la cual el marido que encontraba a su mujer “in flagrante delicto”, o sea con las manos en la masa, podía matar al hombre (no a la adultera) impunemente. Se daba la circunstancia de que esta ley de procedencia medieval que estaba en vigor en España bajo la monarquía de Alfonso XIII, fue derogada por la Republica y restaurada bajo el régimen de Franco. En el caso español (éramos un poco más “civilizados”) el matador no salía impune. Se le aplicaba la pena de “extrañamiento”, según el lenguaje del Código Penal, o sea de destierro por seis meses de la localidad en que vivía el matrimonio. ¿Cómo llegó esta ley a Texas? Sencillamente porque era la ley vigente en las colonias americanas, entre ellas Méjico. Cuando Texas se independizó de Méjico y derogó gran parte de la legislación heredada de España optó sin embargo por conservar la “licencia de caza”, que se derogó, calladamente, en los años setenta. En España, la versión “original” fue eliminada del nuevo Código Penal de la democracia.

En Texas, por aquellas anos la copula sexual estaba permitida sola y exclusivamente entre matrimonios. Todo los aspectos, tipos y modalidades de relaciones sexuales entre hombres y mujeres solteros estaban terminantemente prohibido para parejas tanto homosexuales como heterosexuales. No solo en Texas, sino tambien en muchos estados.

Fue en esta época, en los años sesenta, que tuve un cliente, profesor universitario, que me encomendó redactara su testamento. A las pocas semanas de concluir mi trabajo pidió una consulta y el día indicado se presentó con alguien al que llamaba “un amigo”, más o menos de su edad, cuarentón. Este segundo cliente me pidió lo mismo: que le redactara su testamento. Por lo visto les caí bien y asi empezó una amistad que se tradujo en comidas, invitaciones a su casa, donde pude comprobar que Vivian juntos, etcétera. Un día a principios de verano vinieron a verme y me comunicaron que el que era profesor se tomaba un año sabático y que ambos pasarían tal año en Inglaterra y que si yo tendría inconveniente en tomar posesión de la llave de acceso a la caja de seguridad bancaria de su “amigo”en cuya caja conservaba valores, alguna cantidad en efectivo, documentos importantes (entre ellos los testamentos) joyas, etcétera. Les dije que no tenía inconveniente, halagado ante el alto grado de confianza que me conferían. He de decir que el amigo del profesor era (supongo lo sigue siendo) hombre muy rico. Pasó el ano, vinieron a verme y les devolví la llave.

Varias semanas más tarde vinieron a verme de nuevo. El profesor después de haber intercambiado las frases de cortesía usuales se dirigió a mí en los siguientes términos: -Eugenio, supongo que después de tanto tiempo desde que nos conocimos usted se habrá percatado de que **** (aquí el nombre de su rico compañero) y yo somos homosexuales.- Si, si, le conteste.

Por aquellos tiempos, los setenta, la población homosexual de Dallas, tímidamente aun, habia surgido a la superficie. Se concentraban en determinado parques y lugares de esparcimiento, sobre todos bares y clubs nocturnos. La legislación anti homosexual continuaba en pleno vigor y la policía de vez en cuando realizaba “raids” en tales lugares con la consiguiente publicidad en la prensa, detenciones, etc.

El caso es que mis clientes querían que yo les confeccionara una especie de reglamento de una sociedad (que permanecería sumergida en cuanto era impensable las autoridades la registraran). También querían que les redactara un como decálogo de los derechos que todo homosexual podría invocar en caso de ser detenido. Para ayudarme a tal gestión y me sirviera de guía o modelo me proporcionaron varias revistas para homosexuales que se editaban en San Francisco, ciudad está que era (y lo sigue siendo) la capital del homosexualismo en los Estados Unidos. Querían además que una vez realizado este trabajo, me encargara de la dirección jurídica de tal asociación. Y que representara a los miembros de la misma en caso de que tuvieran problemas con la ley. Les dije que me dieran un par de semanas para pensarlo. Debo adelantar que me ofrecían una pingüe retribución mensual.

Yo no llevaba mucho tiempo en la profesión, no nadaba precisamente en la abundancia y la cantidad que me ofrecían era tentadora.

Al final de las dos semanas les llame y les dije que sintiéndolo mucho no podía complacerle y que declinaba la oferta. El pretexto que les di fue que yo no era un abogado criminalista y que como las muchas detenciones que se venían produciendo requerirían un letrado ducho en derecho penal y yo no lo era, pues no les podría ser de utilidad. Sacarlos de la cárcel no presentaba ningún problema: el “habeas corpus” era (y es) una potente arma a la que todo ciudadano tiene derecho en este país. Pero muchos de estos homosexuales no se contentaban con recobrar la libertad después de unas horas privados de la misma. Lo que querían era desafiar las leyes restrictivas litigando contra el estado de Texas y si fuera necesario llegar hasta el Tribunal Supremo en Washington, DC. (Como eventualmente sucedió). Les dije a mis clientes que yo no estaba preparado para ello.

El caso es que si yo no hubiera tenido más ambición que el dinero quizá hubiera aceptado el encargo. Yo ya me las arreglaría para salir del paso adecuadamente asociándome con algún otro abogado que me ayudara a salir del paso. Pero pudo más en mí el temor a que el público me tomara como uno de “ellos”. El consabido “que dirán” inclinó el platillo de la balanza en sentido negativo.

En España la revolución sexual tuvo caracteres más profundos que en los Estados Unidos, y concretamente en Texas. Y además empezó antes. Yo recuerdo haber visto en Madrid una producción teatral, “Por qué corres Ulises” de Antonio Gala, en un teatro comercial en Diciembre de 1975, apenas muerto Franco, en la que salía a escena una señora totalmente desnuda. Por aquellas fechas eso aquí era impensable.

También la revolución homosexual comenzó en España décadas antes que en USA. Fue cuando maricón devino “gay” utilizándose un vocablo inglés, que en los Estados Unidos sustituyo, en su día, a “queer” y otros términos menos usuales.

Hoy “queer” ha sido extirpado del vocabulario, como maricón en España, pero en nuestro país la antigua denominación de los homosexuales ha venido a ser una expresión politicamente incorrecta. Es como la palabra “negro” en USA, que ha llegado a ser tan inadmisible que cuando alguien se atreve a pronunciarla y salta a la prensa los plumillas no la transcriben con todas sus letras sino con la letra “N”.

Muy recientemente, en este mismo mes de Julio 2015 en que escribo esta entrega de mi blog, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos ha sancionado la legalidad del matrimonio homosexual, decisión esta que ha sido recibida con alborozo por los grupos interesados y violentamente rechazada por los radicales (“tea party”, evangelistas, etcétera) del partido republicano. Hay que tener en cuenta que el matrimonio entre personas del mismo sexo no estaba prohibido, antes de la decisión del Supremo sino en nada más que en 11 estados, entre ellos Texas. Inmediatamente, y haciendo caso omiso de la sentencia del alto tribunal muchos oficiales del registro civil en muchos de los condados de Texas se negaron a emitir licencias de matrimonio basándose en “escrúpulos” religiosos.

Yo, y muchos de los que tienen una concienciación social acepto, con respeto, la decisión del Supremo. Es hora que este colectivo homosexual se funda con el resto de la población heterosexual y goce del respeto y beneficios que se le ha venido negando durante siglos. La única objeción que muchos ponen a la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo es la insistencia de los interesados en calificar a estas uniones como “matrimonios”. Como su raíz etiológica indica el matrimonio es la unión de un hombre con un a mujer y nada más. Los afectados han venido rechazando una modalidad alternativa basada en una relación contractual que vendría a garantizar los mismos derechos y beneficios del matrimonio entre parejas heterosexuales. Pero es tanto el prestigio que conlleva el término “matrimonio” que los afectados, según arguyen, no pueden aceptar ninguna otra opción terminológica sin el riesgo de ser considerados como ciudadanos de segunda clase.

La lucha de gays y lesbianas no está terminada, ni con mucho. Se enfrentan en el futuro con infinidad de problemas de discriminación en todos los órdenes para la que no existe una legislación que los proteja.

Ya el término “matrimonio” incrustado permanentemente en la sociedad y en la cultura de nuestros tiempos quedan sin embargo problemas adicionales de terminología. Resulta chocante, por lo menos lo es para mí, leer en la prensa referencias a situaciones tales como el actual embajador de los Estados Unidos en la corte de Madrid llegando a una recepción en compañía de su “esposo”. Los vocablos marido, esposa, en tales uniones son confusos cuando no absurdos. En un matrimonio de gentes del mismo sexo, ¿quien es el marido y quien es la esposa? Como llamar al uno y al otro con carácter no solo oficial sino en situaciones en la vida corriente. Se impone pues hallar nuevos vocablos que terminen con ambigüedades.

Entretanto, conseguida la victoria después de décadas de lucha contra los gobiernos, la iglesia, y la incomprensión y hasta odio de muchos, los homosexuales rememoran con melancolía aquellos anos de desafío y enfrentamiento a una mayoría irreductible. Ya allanadas todas o casi todas las dificultades se encuentran con una vida chata y sin retos. Pasa como cuando, desaparecido Franco, escritores y periodistas añoraban aquellos años cuarenta y cincuenta en los que disfrutaban buscando como hacer llegar sus mensajes a sus lectores burlando a la censura, o como cuando los jóvenes, más tarde, corrían perseguidos por los “grises” mientras gritaban muera Franco. Piensan, como Jorge Manrique proclama en sus Coplas, que”cualquier tiempo pasado fue mejor”.

¡VAE VICTORES!

Según cuenta Tito Livio, los galos, que habían declarado la guerra a los romanos, descendieron por la península italiana y en 390 (a.C.) ocuparon Roma. Los romanos negociaron con Breno, el jefe galo, recobrar la ciudad pagando un rescate en oro. Breno aceptó la oferta y fijó una cantidad. Los romanos notaron, cuando los galos se disponían a pesar el oro, que las pesas habían sido manipuladas. Los romanos protestaron. Breno, despectivamente, coloco su espada sobre las pesas para asi aumentar aun el peso exigido y exclamó Vae victis, Ay de los vencidos, frase esta que refleja las tribulaciones que se precipitan sobre todos los que han sido vencidos en una contienda.

El 1 de Abril de 1939 el general Franco anuncio que la guerra civil española (1936-1939) habia terminado. Fue una guerra cruenta, con atrocidades por ambos bandos, con fusilamientos a mansalva, con o sin encausamiento previo. Los perseguidos que no fueron asesinados perdieron bienes, carreras y honores. Nombres de calles y plazas, símbolos, y todo lo que reflejara el espíritu y las creencias de los contendientes en lucha fueron cambiados, destruidos o borrados.

Una vez la guerra terminada sobrevinieron veinte años de dictadura y casi otros veinte de “dictablanda”. Durante la primera las atrocidades y salvajadas continuaron su curso. Aun asi muchos de los que se exiliaron volvieron a España. Por de pronto el grueso de los centenares de miles que huyó a Francia a la caída de Cataluña volvió a casa. También retornaron, durante esta época dura del nuevo régimen y entre otros muchos, varias personalidades, entre ellas el famoso novelista Pio Baroja y los fundadores de la Agrupación al Servicio de la Republica, es decir, el afamado médico y ensayista Gregorio Marañón, el filósofo José Ortega y Gasset, y el novelista Ramón Pérez de Ayala, dándose la circunstancia de que los hijos de estas tres lumbreras de la intelectualidad republicana pelearon en la guerra con las fuerzas de Franco desde los primeros días.

También volvió, en 1957, el general Vicente Rojo Lluch, jefe del Estado Mayor del Ejército de la Republica, creador del ejercito popular, artífice de las batallas de Brunete, Guadalajara, y Teruel, y planificador del famoso paso del Ebro, que, por audaz, sorprendió a los nacionalistas.

Durante la dictablanda siguieron volviendo a España personalidades tales como Segismundo Casado, el coronel republicano que se sublevó contra el último gobierno de la Republica, presidido por Juan Negrín y que intentó un armisticio en los últimos días de la guerra. Recordemos también a Claudio Sanchez Albornoz, eminente historiador, que llegó a ser nada menos que presidente de la Republica Española en el exilio.

Quiero con todo esto decir que no sería la España de Franco el país siniestro que quieren hacernos creer, cuando todo el que no tuviera un sangriento historial daría por seguro no ser perseguido (aunque algunos fueron vigilados e incluso encausados previo a ser puestos en libertad) si elegía regresar a la patria. Ciertamente todos murieron en libertad.

Y por último, también en esta época de la dictablanda las Cortes promulgaron, en 28 de Marzo de 1969, una Amnistía por la que se perdonaban todos los crímenes cometidos con anterioridad al 1 de Abril de 1939, casi exactamente treinta años después de la terminación de la guerra. No tengo noticia de ningún pez gordo que hubiera vuelto como consecuencia de tal Amnistía. Pero llamo poderosamente la atención los casos de algunos republicanos que se reintegraron a la sociedad, que no volvieron porque nunca salieron ni de España ni de sus encierros, después de haber pasado treinta años sin salir a la superficie.

Franco murió en 1975 e inmediatamente, como prescribía la ley, se entronizó la Monarquía. Después vino la Transición donde después de mucho dimes y diretes se llegó a una conclusión: mejor enterrar para siempre la guerra y olvidarse de ellas. No ha habido ni vencedores ni vencidos. Hubo una Amnistía General, en Octubre de 1977. Pero antes de la Amnistía, dos importantes personajes de la Republica aterrizaron en Barajas. Uno fue Dolores Ibárruri, La Pasionaria, ardiente paladín del comunismo, y otro su compañero de partido (aunque en los últimos años habia renegado del modelo soviético y se habia declarado Eurocomunista,) el camarada Santiago Carrillo. La primera llegó a Madrid en Mayo de 1977 y el segundo se adelantó a ella y apareció en 1976. Las fuerzas que componía la Transición tuvieron que aguantar carros y carretas para llegar a un acuerdo. La gente de la derecha se tuvo que conformar con aceptar la legalización del Partido Comunista y la presencia (y eventualmente escaños en el Congreso de los Diputados) de la Pasionaria, la bête noir del franquismo, y Santiago Carrillo eminentemente sospechoso de la autoría de la matanza de Paracuellos del Jarama. La izquierda también tuvo que transigir con prestar acatamiento a la Monarquía y dejarse de la Republica, por lo menos de momento.

Y asi es como vino la Constitución de 1978 y entramos en una democracia para todos los gustos.

Pero el espíritu cainita no duerme en España

Gradualmente empezaron a publicarse y oírse tramañas acerca de cómo fue la España de Franco y como fue la segunda República. En una palabra: se venía a distorsionar la Historia con mayúscula. Esta situación se exacerbó durante el largo periodo del gobierno socialista bajo Felipe González.

Finalmente la bomba explotó bajo la égida del presidente socialista Rodríguez Zapatero y su Ley de la Memoria Histórica de 28 de Octubre de 2007. Bajo esta ley, entre otras cosas, la izquierda española intentó implantar la legalidad democrática alcanzada no con la transición sino con la implantación de la Republica en 1931.

Ya antes de esta ley empezaron a eliminarse los vestigios del franquismo. Asi, en Madrid se retiró una estatua ecuestre del general Franco. La ley, una vez promulgada, ordenaba la retirada de toda la simbología franquista, incluido escudos, insignias, placas, y por supuesto las estatuas ecuestres del “caudillo “de las que se retiraron entre otras las de Burgos y Santander, que yo recuerde. Preguntado el ex jefe del gobierno Felipe González sobre su opinión sobre la retirada o demolición de tales estatuas se manifestó opuesto a ello: “Es historia”, manifestó. El afán por destruir todo lo que estuviera ligado con la época franquista llego a tal extremo que muchos urgieron dinamitar todo el entramado del Valle de los Caídos.

Pero el rencor y el espíritu de venganza no descansaban. Habia que humillar al “enemigo”, hacerle ver que la guerra no estaba terminada, como intentaba el espíritu de la transición. Y asi empezó a construirse una historia de la República y de la época franquista totalmente falsa. Los tópicos eran numerosos. La República fue una democracia. La España de Franco fue un sinestro infierno, un estado policía. La España de Franco era un país atrasado, cerrado al progreso en todos los órdenes. Etcétera, etcétera. Pero de todas estas falsedades, las me más me solivianta es el bulo de que la España de Franco fue un “páramo cultural”.

Veamos. Desaparecidas o exiliadas algunas brillantes figuras de las letras, las artes y la ciencia, (algunas voluntariamente) España no quedo desprovista, en absoluto, de otras igualmente brillantes estrellas. Viejas plumas, unas interiormente exiliadas otras partidarias del régimen, tales como Baroja, Azorín, Pérez de Ayala, Sánchez Maza, y Eugenio D’Ors se vieron sucedidas por una constelación de jóvenes novelistas que contra viento y marea (léase censura) florecieron en aquel que nos hacen creer desierto cultural :Agustín de Foxá (también poeta), Carmen Laforet, Luis Martin Santos, Rafael Sánchez Ferlosio, Ana María Matute, Carmen Martin Gaite , Rafael García Serrano, Aquilino Duque y los grandes Miguel Delibes y Camilo José Cela, Premio Nobel.

¿Quién osa decir que con la muerte de Lorca y el exilio de Cernuda, Guillen, Salinas, Alberti y León Felipe se extinguió la poesía en la España de Franco? Ahí están, para desmentirlo, Manuel Machado, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Vicente Aleixandre (otro Premio Nobel) Leopoldo Panero, José Hierro, Gabriel Celaya, Blas de Otero y Dionisio Ridruejo.

¿Pero es que hay hoy un dramaturgo que se pueda comparar con Antonio Buero Vallejo?¿O un compositor como Joaquín Rodrigo?¿O un maestro de la guitarra como Andrés Segovia?

Todos ellos crearon e interpretaron en ese “páramo cultural” de la España de Franco.

Podría seguir y enumerar grandes figuras, algunas verdaderos genios en la pintura, la escultura, la arquitectura, la danza, el canto y la música popular y en varios otros campos de la creación incluidos la ciencia y la filosofía.

Pero ¿para qué? Cuarenta años de falsificación de la Historia han influido poderosamente en varias generaciones de españoles que creen a pie juntilla lo que leen (incluso en libros de texto) y escuchan de plumas y labios envenenados por el rencor y sumidos en la ignorancia. Tantos años de que lo que cuento han transcurrido que casi nadie de tales embaucadores y mentirosos llegaron a conocerlo. Yo, como superviviente, (nacido en 1924) testigo ocular y auditivo puedo atestiguar sobre la falsedad de tales patrañas. Pero una derecha cobarde, que pudo salir al paso de tanta mentira “ab initio” y escogió no hacerlo, y una tendencia a cortar por lo sano todo lo que huela como “políticamente incorrecto” han contribuido a dar la puntilla a todo lo que sea restablecer la verdad.

Por lo tanto los vencedores han, después de todo, perdido la guerra. ¡Vae victores! ¡Ay de los vencedores!

POBRE ANDALUCIA

Hace muchos, muchos anos, recién llegado a este país, (1958) me presentaron a un individuo en una fiesta. Dándose el caso de que ambos éramos extranjeros nos preguntamos mutuamente por nuestro país de origen. -Soy italiano, me dijo mi interlocutor, “pero no del sur, ¿eh?”.

Me quedé pensando. Qué interés en precisar la geografía de su procedencia. Por aquellas fechas yo sabía muy poco de Italia. Con el tiempo averigüé que el “mezzogiorno” italiano era (y lo sigue siendo) la región pobre del país, cada vez más pobre cuanto más avanza uno hacia el sur hasta tocar el extremo meridional de la “bota”. Seguro que si el italiano de marras hubiera nacido en Sicilia o Calabria lo hubiera negado.

También me enteré de que Italia, junto con Alemania, Rusia, Polonia, etc. habia enviado millones de sus hijos a los Estados Unidos en las últimas décadas del siglo XIX y primera del XX. La inmensa mayoría procedían del sur. Todos o casi todos eran labriegos, analfabetos, obligados por su condición a buscarse la vida en menesteres que nadie quería. La historia de siempre.

Yo cuando me preguntan de dónde soy no digo que soy andaluz porque la geografía no es punto fuerte del americano medio. El americano medio no sabe ni lo que es ni donde esta Andalucía. Irónicamente, ni que hay una Andalusia (asi, como lo pronunciaría un andaluz, con la ese) en el estado de Alabama y una ¡Camas! (Sevilla) en el de Washington. Y no les culpo de ello. Las regiones europeas no entran en el radar de sus conocimientos. En esto no se distinguen de los españoles. Sabe el español medio donde está la Nueva Inglaterra (New England) en los Estados Unidos? Si me preguntan de dónde soy contesto que soy español. A veces cuando oyen “Spanish” me preguntan, en su ignorancia, ¿ de donde concretamente, de Argentina, de México? Pero esto es otra historia. Los que saben dónde está España me pregunta de donde en España. Y contesto que de Sevilla, no de Andalucía. Y si persisten e inquieren donde esta Sevilla entonces les digo que en el sudoeste de la península. ¿Para que decir Andalucía si no se enteran?

Pero jamás se me ocurriría decirles que provengo del norte, aunque tenía un amigo, más bien un amigo de mi padre, que aunque nativo de Sanlucar de Barrameda, proclamaba (entre quienes no le conocían) que habia nacido en Bilbao. Tenía sus razones, (absurdas) pero también esto es otra historia. Hace años ganó gran popularidad en los Estados Unidos un ventrílocuo español, que aparecía a menudo en la televisión norteamericana bajo el nombre de “Don Wences” (lao). Era un hombre más bien brusco, con poca paciencia. Era de un pueblecito perdido en la provincia de Cáceres. Me refería que cuando una señora le preguntaba (en USA) de donde era y le cogía en mal momento le contestaba: -Señora si yo le digo a usted de donde soy usted no se entera. Asi que es que excepto cuando se encontraba en España, optaba por manifestar que era de Madrid.

No, nunca he negado mi cuna: Recuerdo los versos de Fernando Villalón:

Que me entierren con espuelas
El barboquejo en la barba
Que siempre es un mal nacido
Quien reniega de su casta

Un eminente español, (madrileño) George Santayana (Jorge Nicolás Agustín Ruiz de Santayana, 1863-1952) poco conocido en España pero un gigante intelectual en los Estados Unidos, criado y educado en Boston y profesor de Filosofía en la Universidad de Harvard, jamás cambio de pasaporte. Murio en Roma con su pasaporte español. En una gran novela suya, “The Last Puritan”, en parte autobiográfica, hacia decir al protagonista de la misma que se honraba de no haber nunca “cambiado de mujer, ni de religión y ni de pasaporte”, lo que se correspondía, excepto que nunca se casó, con su propio credo personal.

Yo amo a Andalucía, sobre todo a la que conozco bien, a la mía, a la Andalucía Baja, o sea Sevilla, Cádiz y Huelva. La amo, pero como se ama a una hija tonta. Como odio los nacionalismos ni me vanaglorio de ser español ni, mucho menos, de ser andaluz. Yo no soy como algunos españoles, transterrados voluntariamente como yo, que son españoles profesionales y lo proclaman en todas partes, a todo el mundo y a todas horas. Desde que se levantan hasta que se acuestan ejercen su profesión de español en todos los aspectos desde las pegatinas en el coche hasta observar las horas de las comidas.

A mí me parecen puras pamplinas todo eso de la “patria andaluza”, la bandera blanquiverde, el himno de Andalucía, las expresión “andaluces y andaluzas” (que en la lógica de sus adherentes debería ser más bien “andaluzos y andaluzas”) y lo del “padre de la patria” un buen señor que si no hubiera sido salvajemente fusilado estaría hoy tan ignorado como lo fue durante la Republica (1931-39), cuando nadie ni en España ni en la misma Andalucía le hacía caso.

Porque ¿de qué podemos enorgullecernos de Andalucía? Sobre todo en los tiempos que vivimos, que se remontan a muchos, muchos anos. ¿Qué hay en Andalucía que infunda respeto en el mundo? La triste realidad es que estamos a la cola de Europa en muchos aspectos, sobre todo en educación, en la que después de treinta años de funesto desgobierno no hemos producido sino una juventud funcionalmente analfabeta que es el hazmerreír de Europa y una legión de ni-ni, parásitos de la economía familiar, cuyo único norte es prepararse los lunes para la asquerosa botellona del fin de semana.

Originamos en Andalucía productos agropecuarios que deleitan a consumidores tanto nacionales extranjeros y difunden el nombre de España (no de Andalucía) por todas las latitudes. ¿Pero dónde están las industrias (excepto Abengoa, una verdadero triunfo, porque la tan cacareada industria aeronáutica no es sino mero ensamblaje), el desarrollo tecnológico de propia creación, el espíritu emprendedor, en fin todas la claves de progreso y crecimiento? Como digo, aborrezco los nacionalismos y huyo de comparaciones inútiles pero yo podría pavonearme si hubiera nacido o viviera en países como Singapur, donde nadie echa papeles por las calles, (Sevilla es una de las ciudades más sucias de Europa) o cualquiera de los países escandinavos, que van a la cabeza del mundo en muchos sectores, entre ellos los sistemas de educación o, sin ir más lejos, algunas de las regiones españolas que tradicionalmente se han destacado por encima de las del resto del país.

En Andalucía el que reúne cuatro perras y quiere invierte sus dinero (mal o bien ganado) lo primero que hace es comprarse un cortijo o un buen sillón del que no se levanta sino para ir al banco a cortar el cupón. A nadie se le ocurre montar una fábrica de lo que sea.

Pena dar el destino de los millones que ha entrado en Andalucía cuando mamábamos de las ubres de la Comunidad Europea. En los tiempos del imperio la plata de la Indias se la apropiaban los banqueros que asi se resarcían de sus cuantiosos préstamos a la Corona. En nuestros tiempos los ríos de oro provenientes de la tal comunidad se han invertido en programas inútiles cuando no han ido a los bolsillos de corruptos políticos.

Asi andamos. Ya no se airea el slogan “Andalucía imparable”. Para mi que hace muchos años que está parada, bien parada.