
Nacido en Sevilla en 1924 soy un “niño de la guerra” (1936-39) la que me dejó marcado para siempre. Estudié el bachillerato con los hermanos Maristas y Derecho en la Universidad de Sevilla, licenciándome en 1942. Ejercí diez años la abogacía en Sevilla. En 1953 conocí a Judy King, a la sazón profesora de inglés en el Instituto Británico, con la que me casé en 1956. Casarme con Judy fue como si me hubiera caído el Gordo de la lotería de Navidad. Tenemos dos hijas. En 1958 me concedieron una beca de graduados para hacer estudios de Derecho Comparado en la Southern Methodist University, en Dallas (Texas). Después de graduarme mi mujer y yo decidimos quedarnos en los Estados Unidos. Me hice abogado de nuevo y llevo ejerciendo como tal en Dallas más de cincuenta años. Soy diplomado en Derecho de Extranjeria.
He viajado mucho y leído muchísimo. Conozco íntimamente la cultura y las idiosincracias de tres países: España, Inglaterra y los Estados Unidos. Estoy familiarizado con otros muchos debido a la interacción con cientos y cientos de clientes de todas las razas y nacionalidades. Fruto de tales experiencias es un buen grado de tolerancia una cierta dosis de escepticismo y hasta algo de agnosticismo. Creo (a veces) en Dios pero no creo en la Iglesia católica, apostólica y romana (ni en ninguna otra) aunque el Papa Francisco ha traído un golpe de aire fresco de la que está muy necesitada. Me repugnan los nacionalismos de cualquier color. Desconfío en extremo de la política y de los políticos. En algunos momentos de desesperación pienso que mi única patria es mi familia y algunos (poquísimos) amigos y mi única fe el Alka-Seltzer, antiguamente bicarbonato de soda. En fin, dudas, muchas dudas.
Me aterra la soledad. Bécquer se equivocó. No son los muertos los que se quedan tan solos. Son los vivos.
No obstante, me siento optimista. Por las mañana me visto (bien) y me voy a mi bufete donde me quieren y me respetan. Trabajo unas pocas horas, almuerzo yoga y frutas y del bufete me voy al gimnasio. Buenos genes, el ejercicio físico y los cuidados de Judy me mantienen en buena forma. Me voy a la cama después de las noticias en la TV y cada vez que me despierto espero con ilusión que me va a traer el nuevo día.
