El Futuro de España

EL FUTURO DE ESPAÑA 

Hace varias noches en el programa de Televisión Española “El debate de la Una” tuve ocasión de ver y escuchar al líder de Ezquerra Republicana Oriol Junquera perorar en términos  nada histéricos sino comedidos y con modulada voz como ve él  la independencia de Cataluña. Sostenía y supongo sigue sosteniendo que la segregación catalana del resto de España sería  cosa normal y corriente y puso como ejemplo el caso de Kosovo .  la pendiente consulta escocesa y los intentos de Quebec. Hizo muchas apelaciones a la democracia, al dialogo  y ninguna a la realidad legal de la constitución nacional, que obliga a Cataluña. 

A mí esto de la intentona separatista de Cataluña me parece una catetada  y de un provincianismo atroz. La realidad futura mira hacia una mas intensa  integración europea. En pocos  años España y por supuesto Cataluña seguirán siendo una nación la primera y una autonomía la segunda pero sus habitantes pensaran y se sentirán ciudadanos  de un entre supranacional que dejaran los nacionalismos a un lado para concentrar sus esfuerzos en remar todos juntos  no como españoles y, por supuesto,  catalanes, sino como europeos. 

Hace varias semanas el New York Times publicó un artículo debido a las conjuntas plumas de Daniel Cohn-Bendit y Felix Marquardt. El primero es un eurodiputado por el Partido Verde. El segundo se dedica a las relaciones públicas. Ambos son fundadores de un grupo de opinión llamado Europeans Now (Europeos Ahora). Para los jóvenes o los flojos de memoria Daniel Cohn-Bendit alcanzo fama como unos de los líderes estudiantiles en la famosa revuelta parisina  de 1968 en la que crearon el mensaje de “Interdit  l’interdit”  o Prohibido Prohibir. 

Como lo creo  de interés me tome el trabajo de traducir tal artículo que  bajo el título “ The Fix for Europe: People Power” , que yo traduzco libremente como  LA CURACION DE EUROPA es como sigue: 

“En las elecciones europeas del próximo año tendremos que poner en claro que el concepto nación-estado como esencia y finalidad del buen gobernar, y que nuestros políticos guardan como su mejor secreto, se va rápidamente convirtiendo en una estructura política obsoleta. 

En Europa una nueva generación llega a la mayoría de edad con niveles de bienestar inferiores a los de sus padres. Está abocada a un dilema: o rápida integración o un lento camino hacia la irrelevancia. Y sin embargo el plan más ambicioso para afrontar tal peligroso dilema es hacer coincidir en la misma fecha las elecciones europeas en toda  la Unión Europea y que el presidente de la  Comisión Europea  sea elegido por votación popular.  No es esto precisamente  el  Big Bang  que Europa necesita. 

Ha llegado  la hora para un movimiento, masivamente financiado, de orden trasnacional, trasgeneracional, traspartisano,  y surgido desde las raíces (“grassroots”) que impulse la integración  europea a un nivel  superior. Y antes de crear un partido deberíamos considerar los éxitos europeos para concretar  cómo sería nuestra plataforma. Invitemos  a los finlandeses a que nos adiestren sobre educación, a los franceses sobre sanidad pública  a los alemanes sobre flexibilidad en el empleo, a los suecos sobre igualdad de género. 

En la actualidad los países europeos  se contentan con sus símbolos del Viejo Mundo. Nos envanecemos de nuestras gloriosas historias y bellos monumentos y atraemos un turismo mundial que admira nuestra cultura, modas y gastronomía. Pero nuestros símbolos del Viejo Mundo no salvarán a Europa. Puede que  salven  a Paris, Berlín,  Roma, Londres, como salvarían al valle del Loire, Bavaria, Toscana o el condado de Oxford. Sin embargo, al lado  de capitales llenas de museos e históricos lugares el resto de Europa sufre de crónico desempleo, mínimo crecimiento y  envejecimiento de la población. 

No es que nuestros políticos sean malévolos o incapaces de enfrentarse a un reto. Lo que ocurre es que no están preparados para penetrar en  el meollo de la realidad política de nuestros días. Es ingenuo suponer que políticos tradicionales elegidos para cuatro o cinco años  por un electorado doméstico sean capaces de enfrentarse con temas tales como la escasez de recursos, deforestación, crónico desempleo, el calentamiento de  la tierra, o  la disminución de la pesca, que son de naturaleza global y que requieren décadas para su resolución. Hoy las soluciones  tienen que ser trasnacionales ; en otro caso no serán soluciones en absoluto. 

Continuemos, por supuesto, apoyando a nuestras selecciones nacionales de futbol. Pero cesemos  de dejarnos embaucar por  políticos  que llevados de egolátricas visiones  creen que  el concepto nación-estado es aun el vehículo apropiado para crear la  política que nuestros tiempos requiere.  Lo que debemos hacer, y que ya presentimos, es darnos cuenta de que estamos en el umbral de una nueva era postnacional en la que los europeos podemos pasar  de ser remolones a ser líderes. Si no lo hacemos nos convertiremos en un estereotipo de USA, un país con los mejores hospitales pero con millones de sus ciudadanos que carecen de seguro de enfermedad, con una de las más adelantadas tecnologías en el mundo y muchos sin poder acceder a la misma, con renombradas universidades y generaciones retrógradas por aferrarse a una mezquina visión del mundo. 

Somos, lo que es extraño, los últimos que aun dudan de nuestro propio proyecto político. Nos quejamos de que Europa sea considerada como  algo abstracto por  sus ciudadanos y sin embargo aún estar sin aprobar las leyes que creen un pasaporte europeo digno de su nombre o el marco que permita a todo europeo a verdaderamente abrazar el proyecto de la Unión Europea. 

Hay un viejo adagio judío que dice: “Si tienes solo dos alternativas, escoge una tercera”. La cuestión no es substituir las geriatricracias  por las dictaduras de los jóvenes.  Este movimiento tiene que estar respaldado por todos aquellos que sin distinción de  edad estén de acuerdo en ceder el poder a la juventud si queremos  reducir la deuda con la que estamos gravando a  futuras generaciones. La juventud europea, digital de nacimiento, crece en la austeridad y está familiarizada con recortes presupuestarios. A diferencia de nuestros líderes está capacitada para  cambios rápidos y su instinto es utilizar creativos y eficientes métodos para conseguir sus objetivos. 

En Europa la política de cada nación se ocupa mucho  en especular como el mundo debería ser y muy poco en cómo lograr resultados tangibles. En vez de enzarzarnos en  rencillas sobre qué clase de política seria la preferida,   lo que necesitamos  es un esfuerzo paneuropeo que determine el mejor método europeo  a utilizar en cada sector y adoptarlo en todo el continente. ¿Qué es lo mejor que cada país hace? ¿Qué modelos de éxito pueden adoptarse? ¿Cómo podemos aprovechar la suma total de experiencias, recursos y soluciones  homologadas  de todas las naciones europeas? 

Europa no va  cambiar tras  las elecciones de 2014. Sólo cambiará si los políticos con mentalidad europea que resulten elegidos se ponen  de acuerdo en transferir el poder a genuinas  instituciones europeas. Necesitamos que nuestros  políticos sepan que ya no aceptamos sus arrebatos nacionalistas, ni que no compartimos su temor a terminar en la irrelevancia si conferimos a la  Comisión Europea y al Parlamento Europeo el poder que merecen. O canalizamos el poder y los ricos recursos de la red europea o dejamos que la marcha  de la globalización termine por ignorarnos. 

Y lo primero que tenemos que hacer es empezar a votar no como ciudadanos franceses, alemanes o griegos sino como ciudadanos europeos. 

Hasta aquí la traducción del artículo del New York Times. El mensaje es claro.  Si queremos vivir mejor y terminar con la angustia de la crisis y el desempleo y otros males tenemos que integrarnos profundamente en Europa y, entre otras cosas,   adoptar los sistemas y métodos en los hemos fracasado. Por ejemplo, arrinconemos nuestros criterios  en la enseñanza y adoptemos el modelo finlandés. Es una vergüenza que estemos a la cola de Europa en educación. Es una vergüenza que la Junta de Andalucía se niegue a publicar cuales son los mejores colegios y escuelas, de donde  salen los mejores estudiantes en Andalucia.  Se enaltece  la mediocridad, no le excelencia. 

Al lado de este futuro europeo los arrebatos nacionalistas catalanes me parecen una majadería. 

©Copyright 2013. Incluida la traducción)

eugeniocazorla@cs.com

 

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